Los gatos se comunican constantemente a través de su lenguaje corporal, aunque muchas veces sus señales pasan desapercibidas para los humanos. Entre todas ellas, existe una postura muy llamativa que los expertos consideran una advertencia clara de miedo y rechazo al contacto.
El veterinario y etólogo Jaume Fatjó explica en el podcast Tenía la duda que esta conducta es una de las expresiones corporales felinas más estudiadas desde hace décadas. Los especialistas han analizado numerosas posturas y expresiones para identificar estados emocionales como la relajación, la agresividad o el miedo.
Dentro de esas señales destaca la conocida como "postura de gato de Halloween", una imagen que la mayoría de personas asocia fácilmente con ilustraciones, películas o dibujos animados. Aunque su nombre pueda parecer informal, también es una denominación utilizada en el ámbito técnico del comportamiento animal.
Cuando un gato adopta esta posición arquea el lomo de forma pronunciada, eriza todo el pelaje, mantiene la cola levantada y con el pelo encrespado, lleva las orejas hacia atrás, dilata las pupilas y suele acompañar la escena con bufidos.
Además, el animal acostumbra a colocarse de lado frente a aquello que percibe como una amenaza. Según algunas interpretaciones etológicas, esta orientación podría servir para aumentar visualmente su tamaño y transmitir una apariencia más intimidante ante posibles peligros.
Mejor no acercarse
Sin embargo, Fatjó subraya que el mensaje principal es mucho más sencillo de interpretar. Aunque el gato intente parecer fuerte, en realidad está manifestando una mezcla de miedo y actitud defensiva. Lo que pretende comunicar es que no desea interacción en ese momento.
Por este motivo, los expertos recomiendan respetar la distancia cuando aparece esta conducta. Intentar tocar al animal o insistir en acercarse puede incrementar su estrés y favorecer respuestas defensivas como arañazos, mordiscos o nuevas señales de advertencia.
El especialista recuerda que el origen evolutivo del gato doméstico ayuda a comprender muchas de estas reacciones. Su ancestro más cercano es el gato salvaje africano, un felino caracterizado por llevar una vida fundamentalmente solitaria y con escasas interacciones sociales.
Aunque la domesticación ha modificado parte de ese comportamiento y los gatos actuales son capaces de formar grupos y vínculos con personas y otros animales, siguen conservando rasgos propios de sus antepasados. Por eso, su forma de relacionarse difiere notablemente de la de los perros.
Esa herencia también podría explicar conductas desconcertantes para muchos propietarios, como los casos en los que un gato busca caricias y, de repente, muerde o araña. Los expertos creen que se trata de una reacción relacionada con la intolerancia a las caricias, aunque todavía no existe una explicación definitiva.
