P. G. Santos
Publicada
Las claves

Durante años los gatos cargaron con la fama de animales independientes casi indiferentes al vínculo humano. Sin embargo, los estudios que se han realizado al respecto han demostrado que no es del todo así.

Uno de los más recientes, publicado en la revista Current Biology, plantea una conclusión distinta como es que muchos desarrollan con sus cuidadores estilos de apego comparables.

El trabajo liderado por investigadores de la Universidad Estatal de Oregón analizó si los felinos establecen relaciones emocionales semejantes a las observadas entre bebés y progenitores. Para comprobarlo, adaptaron una prueba clásica de la psicología del desarrollo humano.

Los científicos recurrieron al denominado test de base segura, una evaluación utilizada desde hace décadas para medir el apego infantil. En ella se observa cómo reacciona el individuo ante separaciones breves, reencuentros y situaciones nuevas potencialmente estresantes para explorar.

Comportamiento similar al humano

Participaron decenas de cachorros y gatos adultos acompañados por sus cuidadores principales. Durante el experimento, los animales permanecían primero con su humano, después quedaban solos unos instantes y finalmente asistían al regreso de esa figura de referencia afectiva habitual.

Los resultados sorprendieron incluso a quienes estudian el comportamiento felino. La mayoría mostró un patrón compatible con apego seguro exactamente igual que ocurre frecuentemente en la infancia humana.

Estos animales utilizaron a su cuidador como referencia emocional estable y cotidiana. Cuando el cuidador regresaba tras la separación breve, los gatos seguros recuperaban la calma con rapidez y retomaban la exploración del entorno sin señales persistentes de angustia.

Ese comportamiento recuerda al observado en niños que confían en sus referentes. En cambio, los individuos con apego inseguro exhibieron respuestas distintas.

Algunos incrementaban la ansiedad, otros evitaban el contacto tras el reencuentro y varios mostraban conductas ambivalentes difíciles de regular frente al estrés generado por la ausencia temporal del cuidador.

Según los autores, estas diferencias sugieren que la relación entre gato y humano funciona como una auténtica base de seguridad. La calidad del vínculo condiciona la manera en que el animal interpreta y afronta ambientes desconocidos o potencialmente amenazantes.

Dicho de otro modo, la capacidad de un gato para recorrer una habitación nueva con curiosidad, serenidad y confianza no depende únicamente de su temperamento. También guarda relación con la seguridad construida junto a la persona que lo cuida.

La investigación aporta, además, un argumento contra uno de los estereotipos más extendidos sobre los felinos. Lejos de ser criaturas emocionalmente distantes, muchos buscan apoyo, consuelo y previsibilidad en la presencia de su figura humana principal durante momentos difíciles.

Otro hallazgo relevante fue la estabilidad observada en estos patrones de apego. Los investigadores comprobaron que una intervención posterior de socialización y entrenamiento apenas modificó la clasificación inicial, lo que apunta a vínculos relativamente duraderos una vez establecidos tempranamente.

Aunque existen estudios previos que han cuestionado hasta qué punto el apego felino reproduce exactamente el modelo infantil, este trabajo aporta evidencias conductuales sólidas de que numerosos gatos distinguen claramente entre una persona conocida y un extraño en contextos.