España consolida un giro estratégico en su política medioambiental al acelerar el desmantelamiento de infraestructuras obsoletas en sus cuencas hidrográficas, situándose de forma consistente en el podio europeo de esta disciplina.
Según los balances anuales de la organización Dam Removal Europe, el país ha logrado retirar más de un centenar de obstáculos artificiales por año, en un esfuerzo coordinado por eliminar la denominada "chatarra hidrológica".
Esta nueva estrategia prioriza la demolición de pequeños azudes, diques y presas en desuso para devolver la libertad a los cauces y restaurar la dinámica natural de los ecosistemas fluviales de la península.
Esta aceleración responde directamente a las exigentes directrices de la Unión Europea y a la Ley de Restauración de la Naturaleza, que fija el ambicioso objetivo continental de recuperar el flujo libre de al menos 25.000 kilómetros de ríos para el año 2030.
A nivel europeo, la tendencia ha alcanzado registros históricos con la supresión de más de 600 barreras en un solo año en todo el continente, un movimiento masivo liderado por países como Francia, Reino Unido y por supuesto España.
La prioridad son los ríos
Las autoridades comunitarias recalcan que estas intervenciones son críticas, dado que los ríos europeos sufren la mayor fragmentación del planeta con más de un millón de obstáculos censados.
Los beneficios científicos y ecológicos de la renaturalización de los ríos se están percibiendo, lógicamente, a corto plazo tras la ejecución de las obras.
Al retirar el hormigón abandonado, se restablece de inmediato el transporte natural de sedimentos esenciales hacia los deltas y playas, y se reabren a su vez los corredores biológicos necesarios para la migración y reproducción de especies autóctonas.
Los técnicos de las confederaciones hidrográficas, además, constatan que un río sin trabas recupera su capacidad innata de autodepuración, estabiliza los niveles freáticos y se comporta de manera mucho más resiliente frente a los efectos extremos del cambio climático.
En líneas generales, la estrategia es vital para nuestro país porque repara décadas de fragmentación en unos ríos que sufren un estrés hídrico extremo debido a ese mencionado cambio climático, que no para de azotar todos los rincones del planeta.
Teniendo en cuenta que nuestro territorio es uno de los más vulnerables a las sequías y a las inundaciones torrenciales de toda Europa, devolver la dinámica natural a las cuencas no es un lujo estético, sino una necesidad de supervivencia ambiental que, de hecho, ya está generando beneficios. Ahora, los ríos pueden volver a fluir como ecosistemas vivos
