La educación que reciben los niños en casa no solo influye en su comportamiento inmediato, sino también en la forma en que afrontarán los desafíos cuando sean adultos. Los psicólogos alertan de que determinados estilos de crianza pueden dificultar la relación con el error.
Entre los modelos analizados por los especialistas destaca el de los llamados "padres coach", una forma de educar basada en la motivación constante y en la búsqueda permanente del rendimiento. Según explica la psicóloga Rocío Ramos-Paúl, estos progenitores convierten la convivencia familiar en un entrenamiento continuo.
Frases como "vamos", "tú puedes" o "si lo intentas lo consigues" forman parte habitual de esta dinámica. Aunque la intención suele ser positiva, la especialista advierte de que este enfoque puede generar una dependencia excesiva del reconocimiento y la orientación externa.
Ramos-Paúl señala que muchos niños criados bajo este modelo pueden convertirse en adultos que necesiten constantemente a alguien que les anime, valide o indique el camino a seguir. La autonomía emocional, en estos casos, puede verse limitada.
Además, existe otro efecto que preocupa especialmente a los expertos: la dificultad para gestionar el fracaso. Cuando el éxito se convierte en el objetivo principal, cualquier error puede interpretarse como una prueba de incapacidad personal en lugar de una oportunidad de aprendizaje.
La inevitable frustración
Según la psicóloga, estos menores suelen vivir los tropiezos de manera especialmente intensa. Cuando algo sale mal, tienden a responsabilizarse completamente de lo ocurrido, desarrollando sentimientos de culpa o inseguridad que pueden acompañarlos durante años.
Estas conclusiones encajan con otras observaciones realizadas por especialistas en desarrollo infantil. Muchos expertos coinciden en que la sobreintervención de los adultos dificulta que los niños aprendan a enfrentarse a los problemas cotidianos y a desarrollar recursos propios.
Rocío Ramos-Paúl también distingue otro modelo de crianza muy diferente: los denominados "padres panda". En este caso, los adultos acompañan a sus hijos durante el crecimiento, pero permiten que experimenten errores y afronten pequeñas dificultades por sí mismos.
La especialista considera que esta forma de educar favorece la independencia emocional. Los menores aprenden gradualmente a tomar decisiones, resolver conflictos y comprender que equivocarse es una parte natural del proceso de crecimiento personal.
Una visión similar comparte el psicólogo Javier de Haro, quien recuerda que muchos padres centran las conversaciones exclusivamente en notas, deberes y resultados. A su juicio, valorar únicamente el éxito puede aumentar la presión y debilitar la autoestima infantil.
Los expertos defienden que permitir que los niños afronten retos adecuados a su edad fortalece la resiliencia. Aprender a tolerar la frustración, asumir errores y volver a intentarlo constituye una herramienta esencial para desenvolverse con seguridad en la vida adulta.
