Durante años parecía que la diversidad corporal había llegado para quedarse.
Los mensajes sobre aceptación, autoestima y cuerpos reales ganaban espacio en campañas publicitarias, redes sociales e incluso medios de comunicación.
Sin embargo, los expertos advierten de que la búsqueda de la extrema delgadez vuelve a abrirse paso, y lo peor, ahora es entre los más pequeños y disfrazada de hábitos aparentemente saludables.
Así lo explica la psicóloga sanitaria Inmaculada de la Hera a EL ESPAÑOL, quien asegura que lleva tiempo ya observando este fenómeno en su consulta.
"Ha habido unos años en los que parecía que la sociedad avanzaba hacia una mayor aceptación de la diversidad corporal. Sin embargo, en los últimos años estamos observando que, de una manera preocupante, está regresando el fenómeno de la extrema delgadez como ideal estético entre niños y adolescentes", explica.
La diferencia respecto a generaciones anteriores es que el ideal físico ya no se presenta únicamente como una cuestión de peso. Ahora adopta una imagen más sofisticada y atractiva.
"Ya no se habla únicamente de estar delgado; el objetivo es tener un cuerpo "fit", tonificado, definido y libre de cualquier imperfección", señala la especialista.
Un modelo que se reproduce constantemente en Instagram, TikTok o YouTube y que millones de menores consumen cada día.
Y es que detrás de fotografías cuidadosamente seleccionadas, filtros y vídeos virales, muchos adolescentes reciben el mensaje de que para encajar, destacar o sentirse aceptados hay que parecerse a determinados cuerpos.
El problema, advierte De la Hera, es que esos estándares suelen ser poco realistas y difíciles de alcanzar.
"Como psicóloga, observo con preocupación cómo cada vez más adolescentes viven pendientes de las calorías que consumen, de las comparaciones con otros jóvenes o de alcanzar estándares corporales prácticamente imposibles", afirma.
Sin embargo, asegura que la presión estética "ya no afecta solo a las chicas". Cada vez más chicos sienten también la necesidad de desarrollar una musculatura marcada y mantener porcentajes mínimos de grasa corporal, algo que antes no era tan evidente.
Una realidad que los estudios relacionan con una mayor insatisfacción corporal, problemas de autoestima, ansiedad y conductas alimentarias de riesgo.
Y es que cuando la imagen física se convierte en el centro de la vida, pueden aparecer señales de alarma como la obsesión por contar calorías, el ejercicio excesivo o el miedo constante a ganar peso.
En los casos más graves, estas conductas pueden desembocar en trastornos alimentarios con importantes consecuencias para la salud física y mental.
Por eso, la experta insiste en la necesidad de educar a los jóvenes en el pensamiento crítico y recordarles "como sociedad" que "la salud física y mental siempre debe estar por encima de cualquier tendencia".
Porque detrás de la perfección que muestran todas nuestras pantallas no siempre hay bienestar, y ningún ideal de belleza debería estar por encima de la salud.
