La posibilidad de ausentarse de casa durante varios días genera dudas entre muchos propietarios de gatos. Aunque la normativa española permite dejarlos solos hasta 72 horas, numerosos veterinarios consideran que ese margen resulta excesivo para garantizar su bienestar.
El veterinario Carlos Gutiérrez es uno de ellos: "La Ley de Bienestar Animal aquí en España nos permite dejarles solos 72 horas. A mí eso me parece una auténtica burrada". Explica que la prioridad debe ser cubrir todas las necesidades básicas del animal durante cualquier ausencia.
Para desplazamientos breves, basta con dejar disponibles los recursos habituales. Sin embargo, cuando la ausencia se prolonga, conviene preparar el entorno con especial atención, evitando que el gato dependa exclusivamente de sistemas automáticos que podrían fallar inesperadamente.
Los comederos automáticos pueden parecer una solución cómoda, pero presentan riesgos. Un corte eléctrico, una pérdida de conexión o un atasco en el mecanismo pueden impedir que el alimento llegue al animal cuando corresponde.
Por ese motivo, el especialista recomienda disponer varios puntos de comida repartidos por la vivienda. Además de actuar como respaldo ante posibles fallos, esta medida contribuye a enriquecer el entorno y fomenta la exploración felina.
Hogares seguros
La hidratación merece una vigilancia similar. Los recipientes amplios y estables reducen el riesgo de vuelcos accidentales. Si se utilizan fuentes de agua, nunca deberían constituir la única alternativa disponible durante una ausencia prolongada.
La seguridad doméstica también adquiere protagonismo. Electrodomésticos, cables, cuchillos, tijeras o envases susceptibles de romperse deben retirarse o protegerse adecuadamente para evitar accidentes mientras el gato permanece sin supervisión directa.
Otro aspecto relevante consiste en revisar ventanas y accesos. Cuando se dejan abiertos para favorecer la ventilación, es importante incorporar sistemas que impidan cierres accidentales o situaciones que puedan provocar lesiones en patas o cola.
Muchos propietarios recurren a cámaras para comprobar el estado del animal desde la distancia. Aunque pueden resultar útiles para detectar incidencias, el veterinario desaconseja hablar al gato mediante altavoces incorporados, ya que podría generarle confusión.
Escuchar la voz de su cuidador sin encontrarlo físicamente puede provocar que el animal lo busque por la casa. Esta situación aumenta el desconcierto y no aporta beneficios reales a su bienestar emocional.
Más allá de lo que establece la legislación, Gutiérrez considera imprescindible que una persona visite al gato al menos una vez al día. Esa supervisión permite comprobar que come, bebe y se encuentra en buenas condiciones.
Además, resulta aconsejable disponer de un plan alternativo. Un vecino, amigo o familiar con acceso a la vivienda puede intervenir rápidamente si surge cualquier problema detectado mediante cámaras o por la persona encargada principal.
También conviene dejar localizados el transportín, la cartilla sanitaria y la documentación veterinaria. Si aparece una emergencia durante las vacaciones, quien atienda al gato podrá actuar con rapidez y facilitar la atención profesional necesaria.
