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Las claves

Mientras gran parte del mundo suele mirar hacia Washington con el objetivo de anticipar decisiones que pueden provocar cambios drásticos en la economía, la política o la tecnología a nivel global, un grupo de científicos estadounidenses llegó a revelar hace apenas un par de años un dato mucho más profundo.

Y es que en el mismísimo centro de la Tierra se está produciendo un cambio que podría influir, aunque de forma muy sutil, en el funcionamiento de nuestro planeta.

El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Nature durante el pasado año 2024, confirmaría que el núcleo interno de nuestro planeta ha ralentizado su rotación y que, desde al menos el año 2010, gira más despacio que la superficie terrestre.

Aunque a priori pueda sonar a ciencia ficción, es un fenómeno real detectado gracias a las ondas sísmicas registradas durante los últimos 30 años.

Por qué se ralentiza

Para entender este sutil pero importante cambio, debemos "viajar" mentalmente unos 5.000 kilómetros bajo tierra, donde se encuentra el núcleo interno terrestre.

Podemos imaginarlo como una gigantesca esfera sólida compuesta, principalmente, por hierro y níquel. A su alrededor se extiende el núcleo externo, una capa líquida de metal fundido cuyas temperaturas son similares a las de la superficie del mismo Sol.

Durante años, los expertos sospecharon que este núcleo sólido no giraba exactamente al mismo ritmo que el resto del planeta, e incluso algunos estudios sugerían que rotaba ligeramente más rápido.

Sin embargo, seguía existiendo un intenso debate, dado que las pruebas disponibles no eran concluyentes. Pero eso ha cambiado gracias a la nueva investigación.

Según explican los expertos de la Universidad del Sur de California (USC), responsables del nuevo trabajo, tras analizar 143 pares de terremotos ocurridos entre los años 1991 y 2023 en las Islas Sandwich del Sur, en el océano Atlántico Sur, el núcleo interno terrestre habría empezado a desacelerarse ya en el año 2010.

Todos estos terremotos se originaron prácticamente en el mismo lugar y generaron ondas sísmicas muy similares, lo cual permitió comparar con gran precisión cómo atravesaban el interior terrestre.

Si bien la noticia llegó a generar titulares llamativos en su momento, como que se estaba produciendo un "cambio de sentido" o una "marcha atrás" del núcleo terrestre, la realidad es que los expertos matizaron estas afirmaciones: no es correcto pensar que el centro de la Tierra haya dejado de girar, dado que el planeta continúa rotando con normalidad.

El cambio real es que la velocidad relativa entre el núcleo y el resto de capas terrestres sí es diferente. Y esto puede llegar a afectar al ser humano. Pero no nos afectará de forma drástica, como suelen sugerir muchos largometrajes de ciencia ficción.

De hecho, los científicos creen que estas variaciones pueden influir en la duración del día, llegando a producir efectos extremadamente pequeños, de apenas unas milésimas de segundo.

Factores como las corrientes oceánicas, la atmósfera o el deshielo de los polos tienen una influencia mucho mayor sobre las variaciones de la rotación de la Tierra que esta mínima ralentización de su núcleo.

Sin embargo, el interés científico va mucho más allá de estos milisegundos. El núcleo terrestre es el "motor" que alimenta el campo magnético de nuestro planeta, un escudo invisible que nos protege frente a la radiación solar y del espacio profundo; comprender cómo se mueve y evoluciona puede ayudarnos a explicar algunos cambios observados en el campo magnético y la dinámica interna de la Tierra.

Además, investigadores posteriores a este estudio han sugerido que el núcleo interno no está variando solo su velocidad de rotación, sino que también está cambiando su estructura de forma sutil, lo que nos obligaría a revisar la tradicional imagen de un núcleo rígido y estable.

En conclusión, aunque ninguna de estas investigaciones sugeriría una catástrofe inminente, sí nos recuerdan que bajo nuestros pies existe un gigantesco corazón metálico en movimiento con multitud de secretos por descubrir. Comprender cómo funciona puede ayudarnos a entender mejor nuestro planeta en general, y adelantarnos a potenciales catástrofes en el futuro.