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Las claves

Un equipo de expertos liderado por la universidad suiza ETH Zúrich y el centro de investigación alemán GEOMAR ha detectado concentraciones significativas de zinc de origen humano en el Pacífico Sur.

El hallazgo, publicado en la revista Communications Earth & Environment, confirma que la contaminación industrial ha alcanzado una de las masas de agua más remotas e inaccesibles del planeta, tradicionalmente considerada un santuario libre de la huella ecológica humana.

La investigación ha determinado que este metal pesado no llega a la zona mediante vertidos directos o tráfico marítimo, sino a través de la atmósfera. Las emisiones industriales y la quema de combustibles fósiles en los continentes liberan partículas de zinc que viajan miles de kilómetros transportadas por las corrientes de aire.

Al producirse precipitaciones sobre el océano, estas partículas se depositan en la capa superficial del agua, alterando su composición química natural y por tanto cambiando el resultado.

Detectan zinc "humano" en el Pacífico Sur

Ahora bien, el análisis de las muestras revela un dato un tanto preocupante: en varias de las estaciones de control analizadas, la cantidad de zinc antropogénico ya supera a la de origen natural, procedente de la actividad volcánica o el desgaste de las rocas.

Aunque el zinc funciona como un micronutriente esencial para el desarrollo del filoplancton, los científicos advierten que la alteración masiva de sus niveles altera los ciclos biogeoquímicos globales de los que depende el equilibrio marino.

El descubrimiento pone de manifiesto que las fronteras geográficas no protegen a los ecosistemas de la crisis climática y la polución global, pero el fenómeno también evidencia la urgencia de endurecer los controles de emisiones atmosféricas a nivel internacional, porque la actividad industrial de las grandes potencias económicas está modificando la química de los entornos más vírgenes de la Tierra.

Grosso modo, el descubrimiento sirve como un toque de atención muy serio sobre el alcance de la huella humana. La presencia de este metal en el Pacífico Sur demuestra que la contaminación global no es un problema local ni reversible a corto plazo, sino un fenómeno interconectado que degrada incluso los ecosistemas que creíamos seguros.

El estudio, con todo, deja claro que el objetivo es proteger el futuro de los océanos a cualquier precio, algo que requerirá políticas ambientales globales y vinculantes, porque las acciones de un solo continente -o incluso de un país- pueden impactar de manera muy negativa en cualquier rincón de las aguas del planeta.