P. G. Santos
Publicada
Las claves

La irrupción de la inteligencia artificial ha abierto un intenso debate sobre los efectos que puede tener en la educación. Algunos expertos ya han advertido, por ejemplo, que aquellos niños que hagan los deberes con esta herramienta aprenderán menos por la falta de esfuerzo.

Para el psicólogo Jonathan Haidt, una de las voces más influyentes en el análisis del desarrollo infantil, la IA hará que los niños sean menos inteligentes y más inseguros.

El autor de La generación ansiosa sostiene que la expansión de estas herramientas puede agravar problemas que ya comenzaron con la generalización de las redes sociales. A su juicio, la tecnología está modificando la forma en que los menores aprenden, se relacionan y construyen su autonomía.

Las advertencias de Haidt llegan en un momento especialmente sensible: distintos gobiernos están estudiando fórmulas para limitar el acceso de los menores a las redes, mientras que la IA gana presencia en las aulas.

Un menor nivel educativo

Haidt aseguró, en una entrevista concedida a EFE, que los efectos negativos ya comienzan a observarse en distintos indicadores académicos. Según explicó, las calificaciones escolares y algunos parámetros relacionados con el rendimiento cognitivo muestran señales de deterioro entre los más jóvenes.

Sin embargo, considera que la llegada masiva de la IA puede acelerar todavía más esta tendencia. Para Haidt, delegar tareas intelectuales en sistemas automatizados reducirá las oportunidades de aprendizaje profundo y dificultará la adquisición de capacidades esenciales durante la infancia y la adolescencia.

Están aprendiendo menos. Y ahora con la IA van a aprender mucho menos”, afirmó. El experto considera que los menores crecerán con un nivel educativo inferior al que podrían alcanzar en entornos más saludables y menos dependientes de tecnologías digitales.

La preocupación del académico no se limita exclusivamente al conocimiento. También advierte de posibles consecuencias psicológicas.

En su opinión, una generación acostumbrada a que las respuestas lleguen de manera inmediata mediante algoritmos podría desarrollar una menor confianza en sus propias capacidades personales.

Ese deterioro de la autoestima constituye uno de los aspectos que más inquietan al investigador. La construcción de seguridad personal, argumenta, depende en gran medida de superar retos, cometer errores y resolver problemas mediante el esfuerzo, experiencias que podrían verse reducidas por la automatización.

Las reflexiones de Haidt se enmarcan dentro de una crítica más amplia al ecosistema digital contemporáneo. Desde hace años sostiene que las redes sociales han contribuido a una crisis de salud mental entre adolescentes, especialmente durante etapas clave del desarrollo cerebral.

El psicólogo compara el funcionamiento de muchas plataformas con mecanismos propios de la industria del juego. Según explica, elementos como la actualización constante de contenidos o la búsqueda incesante de estímulos fueron diseñados para maximizar la permanencia de los usuarios.

Ahora teme que la IA añada una nueva capa de dependencia tecnológica. Mientras las redes sociales competían por captar la atención de los menores, estas herramientas pueden terminar influyendo directamente en sus procesos de pensamiento, aprendizaje y toma de decisiones.

Pese a la dureza de sus pronósticos, Haidt mantiene una visión parcialmente optimista. Considera que las familias todavía pueden revertir parte del problema si promueven hábitos digitales más equilibrados y favorecen actividades presenciales que refuercen la independencia infantil.