Publicada
Las claves

Hay escapadas mediterráneas que funcionan porque no obligan a elegir entre historia, paseo y buena mesa. Dénia, en Alicante, tiene esa mezcla difícil de copiar: castillo sobre el casco urbano, puerto, playas, arroces marineros y Montgó al fondo.

El recorrido puede empezar junto al mar, entre el puerto, la fachada marítima y las calles que suben hacia el casco antiguo. Desde abajo, la ciudad queda marcada por una fortaleza que domina el Mediterráneo y la Marina Alta.

El Ayuntamiento de Dénia sitúa el origen del castillo en época islámica, entre los siglos XI y XII. Desde entonces, el recinto ha acumulado reformas almohades, medievales y renacentistas, visibles en torres, baluartes y estructuras defensivas.

Esa historia no es un detalle aislado. La antigua Daniya llegó a ser una poderosa taifa mediterránea, con dominios que alcanzaron la Marina Alta, Alicante, parte de Murcia y las Islas Baleares, según la información turística local.

La subida al castillo explica buena parte del atractivo de la escapada. Este municipio no se recorre solo mirando al mar, sino también atravesando calles comerciales, murallas, miradores y rincones donde la ciudad conserva su pasado portuario.

Reserva Natural de los Fondos Marinos del Cabo de San Antonio

La mesa es el otro gran reclamo. En 2015, fue declarada Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO, un reconocimiento que pone en valor la cultura culinaria local y comarcal.

Dentro de esa identidad, el arroz a banda ocupa un lugar especial. Dénia Creative City recuerda que en 1935 ya había saltado de la cocina marinera de las barcas y las casas a los restaurantes de la ciudad.

El plato tiene sentido precisamente aquí. Nace de una lógica sencilla y marinera: aprovechar el caldo del pescado para cocinar el arroz, separando el guiso del grano, con sabor a lonja, barca y Mediterráneo.

La percha natural está muy cerca, en la Reserva Natural de los Fondos Marinos del Cabo de San Antonio, situada entre Dénia y Xàbia. La Comunitat Valenciana la define como un espacio de alto interés ecológico, científico, paisajístico y recreativo.

No es solo un lugar bonito para mirar desde un barco. La reserva ocupa unas 900 hectáreas y protege fondos marinos, acantilados, aguas transparentes y ecosistemas asociados a la costa rocosa del cabo.

Ese dato cambia la lectura de la escapada. El paisaje submarino tiene aquí casi tanto peso como la postal exterior, porque bajo el agua se conserva una parte esencial del equilibrio ecológico del litoral alicantino.

El resultado es un plan muy completo: caminar junto al puerto, subir a un castillo de origen islámico, comer arroz a banda y acercarse a una reserva marina mediterránea. Dénia tiene playa, pero también un extra de naturaleza.