P. G. Santos
Publicada
Las claves

El cáncer es una enfermedad muy devastadora que golpea duramente tanto al paciente como a su entorno más cercano. Los familiares enfrentan una profunda impotencia al ver sufrir a sus seres queridos sin poder aliviar su dolor emocional diario.

El psicólogo Javier de Haro, conocido en redes sociales como @psicologo_teayudoaeducar, ha compartido recientemente un testimonio muy personal. Su relato aborda la difícil experiencia de acompañar a su esposa gravemente enferma.

El experto confesó abiertamente que, cuando su mujer fue diagnosticada con cáncer, lo que más le frustraba era la sensación constante de ineficacia. Sentía que, por muchísimas cosas que intentara hacer para ayudarla, nunca lograba que fuera realmente suficiente.

Como profesional de la salud mental, él sabe perfectamente que el simple hecho de acompañar y de estar siempre presente ya significa una gran ayuda terapéutica. Sin embargo, reconoce que la teoría suele chocar fuertemente con la cruda realidad.

Dos vías de escape

Ver a su pareja apagada y triste le generaba un profundo desconsuelo diario. De Haro subraya que es totalmente legítimo sentir esa amarga impotencia frente al decaimiento físico de un ser querido que atraviesa un tratamiento oncológico muy agresivo.

A pesar de toda esta inmensa oscuridad emocional, el psicólogo pudo identificar dos elementos fundamentales que siempre lograban transformar el ánimo de su mujer de manera radical. Estas dos vías de escape le devolvían pronto la dulce esperanza vital.

El primero de esos motivos de alegría indiscutible era Javier, el pequeño hijo que ambos tienen en común. La inocencia y el inmenso amor incondicional del niño se convirtieron en el pilar básico para mantener su gran vitalidad diaria.

El segundo pilar fue catalogado por el especialista como un auténtico y gran descubrimiento. Se trata concretamente de la Fundación Never Surrender, una organización que marcó un antes y un después en el desarrollo de la muy difícil enfermedad.

Cada vez que la paciente cruzaba la puerta para entrar a las instalaciones de Never Surrender, ocurría un fenómeno maravilloso. Tras terminar su sesión correspondiente, volvía a su casa con otra cara, irradiando una energía renovada y muy brillante.

Allí realizaba ejercicios de entrenamiento de fuerza, una práctica deportiva que ha demostrado ser inmensamente beneficiosa médicamente. Todo este proceso físico estaba permanentemente supervisado por entrenadores altamente especializados en el delicado tratamiento totalmente seguro de pacientes con perfil oncológico.

Pero el verdadero motivo por el que regresaba al hogar sintiéndose tan sumamente bien no residía únicamente en el puro entrenamiento muscular. El primer día que de Haro decidió acompañarla, descubrió maravillado cuál era el secreto mejor escondido allí.

La magia del lugar no se limitaba exclusivamente al impacto positivo del deporte, sino que radicaba fundamentalmente en todas las personas presentes. El calor humano y la inmensa empatía compartida resultaban ser la mejor medicina para sanar su alma.

Durante aquellas enriquecedoras jornadas grupales, además de poder ejercitar su debilitado cuerpo físico, ella lograba desahogarse sinceramente. Se sentía profundamente comprendida por sus iguales, ayudaba a otros pacientes desinteresadamente y, en definitiva, se sentía realmente plena y muy feliz.