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Las claves

Algunos pueblos que se venden solos en cuanto llega el fin de semana: calles de piedra, plazas con soportales, iglesias románicas y un horno de leña esperando al final del paseo. Sepúlveda, en Segovia, pertenece a esa categoría.

La villa aparece escoltada por los ríos Duratón y Caslilla, en pleno entorno del Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. Turismo de Castilla y León la sitúa en uno de los paisajes calizos más reconocibles de la provincia.

El casco histórico conserva ese aire medieval que funciona muy bien para recorrer a pie. Murallas, puertas, casas de piedra, iglesias y miradores crean un recorrido compacto, sin necesidad de grandes desplazamientos ni planes demasiado rígidos.

Su protección patrimonial viene de lejos. La documentación urbanística municipal recuerda que Sepúlveda fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1951, una etiqueta que ayuda a entender la importancia de su trama urbana y monumental.

El paseo tiene mucho de viaje lento por la Castilla medieval. La plaza Mayor, los arcos, las calles empinadas y las iglesias románicas permiten leer la historia sin convertir la visita en una lista de monumentos.

El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón

La otra mitad del viaje está en la mesa. La propia web de Turismo de Sepúlveda define la localidad como sinónimo de gastronomía y señala el lechazo asado en horno de leña como su plato estrella.

El reclamo no es menor. Este municipio presume de ser conocido como “la catedral del Lechazo Asado”, una fórmula que resume muy bien su vínculo con esta cocina de horno, barro, carne joven y paciencia.

La receta tiene poco artificio y mucha tradición: cordero churro, tarteras de barro, horno de leña y una elaboración sencilla que busca respetar la calidad de la carne. Es cocina directa, sobria y muy castellana.

Esa contundencia encaja con el paisaje. Después de caminar por calles de piedra, asomarse a los miradores y bajar el ritmo, el lechazo aparece casi como una continuación natural del viaje, no como un simple reclamo turístico.

La percha científica está a pocos minutos del centro. El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón fue declarado en 1989 y protege un tramo donde el río ha excavado un cañón profundo.

La geología explica buena parte de su espectacularidad. Turismo de Castilla y León describe un conjunto de hoces, cañones y acantilados excavados por el Duratón en calizas mesozoicas, con sabinares y bosque de ribera.

Ese relieve no es solo una postal. Patrimonio Natural señala que, aguas abajo de Sepúlveda, el río se encaja en un cañón que en algunos puntos supera los 100 metros de desnivel.

Las paredes verticales son también un refugio para aves rapaces. En el parque conviven buitres leonados, alimoches, halcones peregrinos, ratoneros y cernícalos, según recoge Turismo de Castilla y León en su ficha del espacio.

Por eso Sepúlveda funciona tan bien como escapada gastronómica. Permite pasear por una villa medieval, sentarse ante un cordero asado de tradición local y completar el día en uno de los paisajes calizos más espectaculares de Castilla y León.