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Las claves

Con la llegada del calor, las playas, piscinas y terrazas vuelven a convertirse en los escenarios favoritos del verano.

Entre toallas, sombrillas y largas horas al sol, la búsqueda del bronceado perfecto se convierte en la obsesión de muchos.

Y es que lo que suele comenzar como una simple cuestión estética, puede convertirse en una conducta compulsiva relacionada con la necesidad de encajar y sentirse aceptado socialmente.

Los psicólogos explican que son muchos los casos en los que el bronceado deja de ser algo puntual del verano para transformarse en una preocupación constante que condiciona el día a día, apareciendo ahí el verdadero problema.

Tal y como explica Inmaculada de la Hera, psicóloga sanitaria, a EL ESPAÑOL, no se trata solo de "verse bien", sino de una sensación de incomodidad cuando la piel pierde color o de la necesidad de seguir expuestos al sol incluso sin necesidad real.

Sin embargo, según la especialista, detrás de este comportamiento suele haber algo más profundo que la estética.

La autoestima, la necesidad de aprobación o el miedo a no encajar juegan un papel importante, ya que en muchos casos la propia imagen se convierte en una fuente de presión constante.

"Desde la psicología sabemos que muchas conductas aparentemente relacionadas con la estética esconden necesidades emocionales más profundas, como la búsqueda de aceptación, el deseo de encajar socialmente o la necesidad de reforzar una autoestima frágil", señala la experta.

A esto "se suma el impacto de las redes sociales", donde abundan imágenes de cuerpos perfectos, vacaciones idílicas y pieles bronceadas.

Este entorno refuerza la idea de que estar moreno es sinónimo de éxito o bienestar, algo que puede aumentar la presión social, sobre todo en jóvenes.

En los casos más extremos, algunos especialistas hablan de tanorexia, una obsesión por estar bronceado en la que la persona se percibe siempre demasiado pálida, incluso cuando no lo está.

Y, aunque según aclara la experta, "no figura como diagnóstico específico en los principales manuales clínicos, sí comparte características con conductas compulsivas y con ciertos trastornos de la imagen corporal".

Aun así, los expertos recuerdan que el sol no es el enemigo. En dosis moderadas, aporta beneficios como la vitamina D o la mejora del estado de ánimo.

Pero la clave está en el equilibrio. Saber disfrutar del verano sin convertir ese bronceado en una auténtica obligación.