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Las claves

La Unión Europea puede evitar una gran emisión de toneladas de CO2 para el año 2050 si logra recuperar de forma masiva los residuos de cobre y litio acumulados en el continente.

Así lo revela el informe final del proyecto de investigación europeo FutuRaM, coordinado por el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones. El estudio demuestra que priorizar el reciclaje de estos materiales frente a la minería extractiva tradicional es una de las estrategias climáticas más eficaces para la próxima década.

La investigación ha analizado el potencial de la denominada mina urbana, que incluye las baterías de vehículos eléctricos en desuso, electrodomésticos, chatarra electrónica y componentes de turbinas eólicas.

Según los expertos, el coste climático de procesar y reciclar estos desechos en suelo europeo oscilaría entre los 71 y 80 millones de toneladas de emisiones. La cifra en sí resulta insignificante si se compara con el gigantesco ahorro medioambiental neto que se genera al no tener que importar ni extraer mineral virgen de la tierra.

La "minería urbana" puede ser una salvación

El potencial de abastecimiento de esta estrategia es colosal y vital para encontrar la soberanía tecnológica en la región. El informe estima que, si se mantienen los sistemas de gestión actuales, el reciclaje cubrirá el 33% de la demanda comunitaria de materias primas críticas en 2050: una auténtica barbaridad.

Ahora bien, la cosa puede ir a más: si los países miembros optimizan sus plantas de tratamiento y adoptan un modelo de economía circular plena, Europa podría autoabastecerse de hasta un 56% del cobre y litio que necesita para su transición energética.

A pesar de las proyecciones optimistas que giran alrededor de este nuevo movimiento estratégico, el éxito del plan depende de la frenada de las graves fugas de recursos que sufre el continente de forma legal e ilegal.

Actualmente, casi la mitad de los residuos electrónicos europeos se gestionan de manera incorrecta o se exportan de contrabando, fuera de las fronteras.

Este descontrol provoca, grosso modo, la pérdida anual de más de 200 kilotoneladas de materias primas valiosas, un flujo que las autoridades europeas buscan atajar con urgencia mediante nuevas regulaciones aduaneras y trazabilidad, aunque no es sencillo.

Pero, con todo, la operativa puede ser todo un éxito para Europa si la directiva del continente acaba llegando a esa soberanía. Aunque sea un plan a largo plazo, es un gesto importante que puede cambiar el rumbo del sector.