J. Rodríguez
Publicada
Las claves

La manera en la que los padres reaccionan ante los problemas cotidianos de sus hijos puede influir directamente en cómo afrontarán las dificultades durante la vida adulta. Psicólogos especializados en infancia advierten de que resolver constantemente cualquier obstáculo puede tener consecuencias emocionales importantes.

La psicóloga Rocío Ramos-Paúl diferencia dos modelos de crianza completamente opuestos que, según explica, marcan el desarrollo emocional de los menores. Uno de ellos es el denominado "padres quitanieves", caracterizado por eliminar cualquier dificultad antes incluso de que el niño intente afrontarla por sí mismo.

Este tipo de sobreprotección, señala la especialista, provoca que muchos menores crezcan sin aprender a gestionar el error, el fracaso o la frustración. Los adultos intervienen constantemente para evitar problemas, solucionando conflictos escolares, discusiones o pequeñas dificultades cotidianas de manera automática y continua.

Rocío Ramos-Paúl advierte de que esta actitud puede derivar en adultos con muy baja tolerancia a la frustración y escasas herramientas emocionales. Al no haber desarrollado recursos propios durante la infancia, suelen sentirse bloqueados cuando aparecen situaciones complejas o decisiones importantes en su vida.

Frente a este modelo aparece el conocido como "padres panda", una forma de crianza mucho más orientada a la autonomía. En este caso, los adultos acompañan a sus hijos, pero permiten que experimenten errores, asuman pequeños riesgos controlados y aprendan mediante ensayo y error.

Ganar independencia

La psicóloga considera que esta manera de educar favorece la independencia emocional y la capacidad de adaptación. Los menores aprenden poco a poco a resolver conflictos, tomar decisiones y entender que equivocarse forma parte natural del crecimiento y del aprendizaje diario.

Estas recomendaciones coinciden con las reflexiones del psicólogo Javier de Haro sobre autoestima infantil. El especialista considera que muchos padres centran excesivamente las conversaciones en deberes, notas y rendimiento académico, olvidando otros aspectos esenciales relacionados con el bienestar emocional de los niños.

De Haro insiste en que acompañar no significa hacer las cosas por ellos. Participar junto al menor en actividades cotidianas permite que gane confianza progresivamente, pero manteniendo siempre cierto margen para que encuentre soluciones y desarrolle autonomía personal sin depender continuamente del adulto.

El psicólogo también recomienda escuchar activamente a los hijos, interesarse por sus emociones y valorar el esfuerzo más allá de los resultados. Según explica, reforzar únicamente el éxito puede aumentar la presión y generar inseguridad cuando aparecen errores o dificultades escolares y personales.

Los expertos coinciden en que permitir que los niños afronten pequeños retos desde edades tempranas ayuda a fortalecer su seguridad emocional. Aprender a tolerar la frustración, equivocarse y volver a intentarlo resulta clave para formar adultos más autónomos, resilientes y preparados para afrontar problemas reales.