J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Cada vez más psicólogos alertan del impacto que tiene el uso del móvil dentro del dormitorio infantil. La presencia constante de pantallas en espacios privados favorece dinámicas de aislamiento y reduce el tiempo compartido con la familia, especialmente durante la adolescencia.

El psicólogo Javier de Haro insiste en que entregar un teléfono móvil a un menor no debería depender únicamente de la edad. Para el experto, la verdadera cuestión está relacionada con la madurez emocional, la capacidad de asumir normas y el ejemplo que reciben en casa.

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es cómo cambia la convivencia familiar cuando el dispositivo entra en la habitación del niño. Según explica De Haro, muchas veces el móvil termina ocupando el espacio que antes tenían las conversaciones, las comidas o el tiempo compartido.

Por ese motivo, el psicólogo considera imprescindible establecer momentos diarios libres de pantallas. Las comidas familiares, los trayectos en coche o las salidas juntos deberían mantenerse como espacios sin móvil para evitar que aparezca un distanciamiento progresivo entre padres e hijos.

Otro de los requisitos que plantea el experto tiene que ver con la propiedad del dispositivo. Javier de Haro recuerda que el teléfono no pertenece realmente al menor, sino que son los padres quienes lo prestan bajo unas condiciones y límites claramente establecidos.

Ejemplo de los padres

Además, defiende que las normas de uso deben construirse en familia. Involucrar a los hijos en la creación de esas reglas favorece la responsabilidad, aunque el psicólogo señala una línea roja fundamental: nunca se debe utilizar el móvil para hacer algo ofensivo o vergonzoso.

Antes de dar acceso a un teléfono inteligente, De Haro recomienda observar si el menor es capaz de gestionar correctamente sus obligaciones cotidianas. Si todavía necesita supervisión constante para tareas básicas, considera poco realista esperar una gestión adecuada de una herramienta tan compleja.

La educación tecnológica previa también ocupa un lugar importante en sus recomendaciones. El psicólogo propone introducir antes dispositivos más sencillos, como un smartwatch, que permitan enseñar hábitos responsables, cuidado del aparato y respeto por las normas familiares desde edades tempranas.

Sin embargo, Javier de Haro insiste en que el punto más importante está en el comportamiento de los propios adultos. Las normas pierden valor cuando los padres muestran un uso excesivo del móvil o una dependencia mayor de las pantallas que la de sus hijos.

Para los especialistas, el debate no debería centrarse únicamente en si un niño tiene 12, 13 o 14 años. La clave está en el acompañamiento, la supervisión y el modelo educativo que reciben dentro del hogar antes de tener su primer teléfono móvil.