Cuando un niño vuelve del colegio contando que nadie quiso jugar con él, muchos padres reaccionan intentando aliviar el dolor con frases rápidas y bienintencionadas. Sin embargo, los psicólogos advierten de que minimizar ese sufrimiento puede aumentar todavía más la sensación de soledad infantil.
El psicólogo Álvaro Bilbao explica que uno de los errores más frecuentes consiste en responder con comentarios como "ellos se lo pierden" o "no pasa nada". Aunque nazcan del cariño, estas frases no hacen que el menor se sienta fuerte, sino incomprendido emocionalmente.
Según el especialista, la exclusión social tiene un enorme impacto desde los cinco años. En esa etapa, la opinión de los iguales adquiere una importancia decisiva y quedar fuera de un juego o sentirse apartado puede convertirse en una experiencia especialmente dolorosa para cualquier niño.
Bilbao recuerda que estos episodios forman parte del aprendizaje social infantil. Los menores todavía están descubriendo cómo relacionarse, interpretar señales y encontrar grupos con los que sentirse cómodos. Incluso en entornos saludables aparecen momentos de rechazo que generan tristeza y frustración emocional.
Por eso, el psicólogo recomienda que los padres no corran inmediatamente a resolver el conflicto hablando con profesores o interviniendo directamente. Aunque pueda tranquilizar a los adultos, hacerlo transmite al niño la idea de que no puede afrontar las dificultades por sí mismo.
Ancla emocional
La primera respuesta debería centrarse en conectar emocionalmente con el menor. Preguntas como "¿cómo te hizo sentir?" ayudan a que el niño se sienta escuchado y comprendido. Validar su tristeza también resulta importante para que perciba que sus emociones tienen sentido y valor.
Otro paso fundamental consiste en analizar cómo reaccionó el propio niño ante la situación. Bilbao aconseja observar qué recursos utilizó para afrontarla y reforzar la idea de que actuó lo mejor posible con las herramientas emocionales que tenía en ese momento concreto.
Después llega una enseñanza clave: aprender a elegir amistades en lugar de obsesionarse con ser elegido. El especialista propone preguntar qué compañeros le hacen sentir bien, quién parece amable o quién comparte intereses parecidos para cambiar completamente el enfoque emocional del problema.
El psicólogo también recomienda crear un "ancla emocional", especialmente útil en menores de nueve años. Puede tratarse de una pulsera, un pequeño muñeco o una piedra decorada juntos, capaz de recordar al niño la seguridad y calma que sintió durante la conversación.
Ese objeto funciona como un apoyo emocional cuando vuelve a sentirse excluido en el colegio. Según Bilbao, le ayuda a recordar que puede acercarse a compañeros que le transmitan bienestar y que siempre contará con el respaldo afectivo de sus padres.
