La batalla contra el tabaquismo se ha enquistado en España y también en Europa. Los 31 de mayo, Día Mundial Sin Tabaco, son una invitación para observar cuál es el panorama y, por desgracia, seguimos lejos del objetivo de una sociedad sin humo.
Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en España fuman unos 10 millones de personas, algo más del 20% de nuestra población. Además, se calcula que el tabaco es el culpable de hasta 52.000 muertes anuales en nuestro país.
Con la vista puesta en evitar todo este daño, gobiernos, asociaciones y científicos debaten cuál debe ser el plan para erradicar el tabaco. Seguir con las estrategias de las últimas décadas o permitir la entrada de los productos derivados del tabaco.
Estos productos, cada vez más conocidos, se basan en la idea de que la gran culpable del daño del tabaco no es la nicotina, sino la combustión de los cigarrillos tradicionales. Son, por lo tanto, los dispositivos de tabaco calentado, los vapeadores o el snus.
Tal y como se explica en este artículo de EL ESPAÑOL, la revista científica Advances in Clinical and Experimental Medicine ha publicado recientemente una revisión de estudios que confirma que el principal riesgo del tabaco procede de la combustión.
El peligro de la combustión
Esta reacción química produce sustancias tóxicas y cancerígenas también relacionadas con las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, principalmente. Los artículos del tabaco sin combustión contarían con un daño asociado menor, en este sentido.
La estrategia alternativa contra el tabaquismo consiste, por tanto, en ofrecer estos artículos a quienes no han conseguido dejar de fumar con los medios más tradicionales. Ciertos países de nuestro entorno ya ponen en marcha este método.
Es el caso de Suecia, que ha conseguido que la proporción de fumadores de tabaco de combustión baje hasta el 3,7% de su población, o el Reino Unido, que ha alcanzado el 10% de su población y prohibirá el tabaco a los nacidos después de 2008.
Suecia reivindica la utilización de las bolsitas de nicotina conocidas como snus y el Reino Unido ha reconocido el vapeo como una herramienta para dejar el tabaco. Otros países más lejanos que se han apuntado a la estrategia son Nueva Zelanda y Japón.
El país escandinavo, además, se considera ahora mismo libre de humo debido a que ha reducido su tasa de fumadores de tabaco de combustión por debajo del 5% de su población y ha anunciado datos esperanzadores.
Asegura haber reducido hasta un 40% las enfermedades relacionadas con el tabaco y esto se ha traducido en 3.000 muertes menos al año. Pero, ¿qué sucede con España? Nuestro país sigue optando por la estrategia que no tiene en cuenta estos dispositivos.
Preocupan aspectos como el daño a vapeadores pasivos que puedan provocar o la venta irregular de estos productos, especialmente, cuando llama la atención de menores, jóvenes y personas que antes no fumaban tabaco convencional.
Con respecto al posible daño a las personas que rodean al consumidor de las alternativas al tabaco, un estudio de la Universitat de València asegura que la exposición pasiva a estos dispositivos es siete veces menor a la del cigarrillo convencional.
Además, el aerosol de los vapeadores, según esta universidad, tiene hasta tres veces menos partículas que el humo del tabaco de combustión. El estudio, además, destaca que no todas las exposiciones pasivas son equivalentes, no se puede generalizar.
La venta irregular de vapeadores, por otro lado, es uno de los grandes retos de este sector. Hasta el 48% del mercado del vapeo en Europa es irregular y el 90% de los dispositivos procede de China. Esto se traduce en menos control sanitario y del producto.
Ahora bien, la protección de los menores frente a estos vapers es uno de los pocos asuntos que han conseguido poner de acuerdo al Gobierno de España y a la oposición. PP y PSOE han dado respaldo a una proposición no de ley (PNL) sobre este asunto.
El texto busca limitar la venta de estos productos a estancos y tiendas especializadas, y sacarlos de internet y establecimientos de venta sin especializar, para que estos productos lleguen únicamente a las personas que quieren dejar el tabaco de combustión.
