En el norte de Europa se ha iniciado la construcción de una de las obras de ingeniería más ambiciosas de la historia reciente. Bajo las aguas del mar Báltico, y con el objetivo de unir Dinamarca con Alemania, se está abriendo camino el futuro túnel Fehmarnbelt.
Se trata de una gigantesca infraestructura que promete cambiar para siempre los viajes en el norte del Viejo Continente. De hecho, no se tratará de un túnel cualquiera, sino del túnel submarino más largo del mundo.
Con cerca de 18 kilómetros de longitud, Fehmarnbelt pretende unir las localidades de Puttgarden (en la isla alemana de Fehmarn) y Robdy (en la isla danesa de Lolland).
Sin embargo, para lograrlo, será necesario hundir hasta 89 gigantescos bloques de hormigón en el lecho marino, a 40 metros bajo el nivel del mar.
Cambiará viajar por Europa
Cuando este túnel entre en funcionamiento, un trayecto que actualmente obliga a usar ferris durante unos 45 minutos pasará a necesitar tan solo 10 minutos en coche o siete minutos en tren.
Además, reducirá significativamente el tiempo total de viaje entre las grandes ciudades de Hamburgo y Copenhague: actualmente se tarda alrededor de 5 horas en completar el viaje entre ambas ciudades, un trayecto que pasará a costar tan solo 2,5 horas en total.
Sin embargo, lo más llamativo es precisamente cómo se está llevando a cabo la construcción del túnel. A diferencia de otros túneles submarinos excavados con enormes tuneladoras, el Fehmarnbelt se levantará mediante una técnica de "túnel sumergido".
En resumidas cuentas, los ingenieros fabrican gigantescas piezas huecas de hormigón en tierra firme, las sellan y posteriormente las trasladan flotando hasta el punto exacto donde serán colocadas.
Allí son hundidas sobre una enorme zanja excavada en el fondo marino, y finalmente se conectan unas con las otras, como si se tratase de gigantescas piezas de Lego. Posteriormente, estos bloques se cubrirán con grava, arena y piedra para proteger su estructura y devolver la estabilidad al fondo marino.
Cada uno de estos bloques mide 217 metros de largo por 10 metros de alto, con un peso total de 73.500 toneladas; en comparación, cada sección de tunel pesa aproximadamente lo mismo que diez Torres Eiffel.
Y en total se instalarán 89 bloques de este tamaño, formando una estructura que albergará dos túneles de carretera, dos vías ferroviarias electrificadas y un corredor de servicio destinado al mantenimiento y la seguridad.
Asimismo, la operación de inmersión es tan delicada como lo es la magnitud del proyecto. Cada bloque debe ser colocado con una precisión milimétrica, algo más complejo si cabe teniendo en cuenta las condiciones marítimas, condicionadas por corrientes, viento y oleaje.
Como explica la empresa danesa responsable del proyecto, Femern, "se trata de una tarea colosal que no admite errores". En total se calcula que el coste del proyecto rondará los 7.000-7.500 millones de euros, siendo la mayor inversión en infraestructuras de la historia de Dinamarca.
Parte de la financiación procede de la Unión Europea, dado que se considera que este túnel será una pieza estratégica para mejorar las conexiones entre Escandinavia y Europa Central.
De hecho, el objetivo de Fehmarnbelt no es solo ahorrar tiempo, sino transformar el transporte europeo. El nuevo enlace favorecerá el uso del ferrocarril eléctrico tanto para pasajeros como para mercancías, reduciendo así la dependencia del tráfico aéreo y marítimo.
Además, sus defensores sostienen que el proyecto disminuirá las emisiones contaminantes y mejorará la logística continental al acortar en unos 160 kilómetros la ruta terrestre entre Escandinavia y Alemania.
Sin embargo, la megainfraestructura no está exenta de críticas, dado que diversos colectivos ecologistas han mostrado preocupación por su impacto ambiental en el ecosistema marino. Los promotores, por su parte, aseguran que gran parte de los materiales extraídos se reutilizarán para crear nuevas áreas costeras y espacios naturales.
