Quienes conviven con un gato conocen bien esa sensación de calma que aparece al escuchar un ronroneo o notar cómo el animal se acomoda cerca en silencio. Lo que muchos desconocían es que ese vínculo emocional también podría tener efectos positivos sobre el corazón.
Diversos veterinarios y especialistas coinciden en que las personas que viven con gatos presentan hasta un 30% menos de probabilidades de sufrir un infarto. Según explica el veterinario Carlos Gutiérrez, este beneficio estaría relacionado con la reducción del estrés y determinados cambios biológicos que provoca la convivencia felina.
La relación entre humanos y gatos activa procesos químicos muy concretos en el cerebro. Uno de ellos es la liberación de oxitocina, conocida popularmente como la "hormona del amor", vinculada al apego, la confianza y la sensación de bienestar emocional que surge durante las interacciones afectivas.
El experto señala que acariciar a un gato o simplemente compartir espacio con él favorece una relajación sostenida. Sin embargo, su carácter independiente también genera pequeños momentos de atención constante que mantienen al cerebro activo y estimulado de forma positiva.
Esa combinación entre tranquilidad y alerta mental crea un vínculo muy fuerte. Los dueños terminan pendientes de cada gesto del animal, desde una mirada hasta una petición de comida o una demanda inesperada de mimos en mitad del día.
Relación con tu gato
Carlos Gutiérrez explica además que los gatos utilizan, incluso sin intención, un mecanismo psicológico llamado "refuerzo intermitente". Como no siempre buscan contacto ni responden cuando se les llama, cada muestra espontánea de afecto se convierte en una recompensa especialmente intensa para nuestro cerebro.
Cuando el gato decide acercarse, el organismo libera dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa. Esa reacción provoca que muchas personas desarrollen una fuerte necesidad emocional de repetir continuamente esas experiencias de conexión con su mascota.
Otro aspecto clave es el llamado Kindchenschema, un concepto evolutivo que describe cómo ciertos rasgos físicos despiertan instintos protectores. Los ojos grandes, las caras redondeadas o el tamaño de algunos gatos activan en los humanos respuestas similares a las que generan los bebés.
A esto se suma el efecto relajante del ronroneo, cuya vibración tiene una frecuencia asociada con la calma y la reducción de tensión. Según los especialistas, todos estos factores ayudan a disminuir la presión arterial y favorecen un mejor equilibrio emocional diario.
Aunque convivir con perros también aporta beneficios para la salud, los veterinarios destacan que la compañía felina tiene características diferentes. Su presencia constante, combinada con una independencia marcada, influye de forma particular en la gestión del estrés doméstico y el bienestar cardiovascular.
