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Las claves

Hay proyectos de ingeniería que bien podrían haberse producido en novelas de ciencia ficción; pero este no es el caso. Hablamos de Rogfast, un túnel submarino que está construyendo Noruega bajo los fiordos del mar del Norte y que promete convertirse en el más largo y profundo del planeta.

Se espera que la infraestructura submarina alcance los 28 kilómetros y que descenderá hasta 392 metros bajo el nivel del mar. Aunque la idea es ambiciosa, su explicación es sencilla.

El objetivo es unir regiones separadas por fiordos, reduciendo así la dependencia de los ferris, especialmente en un país cuya geografía obliga a zigzaguear entre montañas, islas y mangas de mar, donde las conexiones por carretera son tan lentas como vulnerables a la climatología.

El objetivo de Rogfast es cambiar esto para siempre. Aunque la imaginación nos lleva a pensar que un "túnel submarino" se asemejaría a un tubo suspendido en medio del océano, la realidad es más impresionante si cabe.

Dentro de una montaña

De hecho, Rogfast no flotará bajo el mar, sino que estará excavado dentro de la sólida roca situada bajo el lecho marino. En esencia, los vehículos circularán a cientos de metros de profundidad, atravesando montañas submarinas.

El proyecto conectará las localidades de Randaberg y Bokn, formando parte de la ya presente autopista E39, una ruta estratégica que recorre toda la costa oeste de Noruega.

Actualmente, muchos tramos de esta carretera requieren ferris, lo que ralentiza el transporte tanto de personas como de mercancías. El objetivo es que algunos trayectos que hoy dependen de horarios marítimos puedan hacerse de forma continua y rápida.

Se espera que el nuevo trazado reduzca los viajes a unos 40 minutos entre Stavanger y Bergen, aunque el ahorro acumulado en toda la E39 podría alcanzar hasta 11 horas en determinados recorridos.

Pero, como cabría esperar, construir a 400 metros de profundidad bajo el mar no implica solo hacer un túnel más largo. Dicha profundidad asocia grandes presiones por parte del agua y condiciones geológicas que obligan a usar sistemas muy sofisticados.

En este caso, el túnel tendrá dos tubos paralelos, cada uno con dos carriles de circulación, además de incluir una gran intersección subterránea para conectar la isla de Kvitsøy, algo inédito en una obra como esta.

Por su parte, la ventilación será otro reto a tener en cuenta. A lo largo del recorrido se están excavando enormes pozos verticales, algunos de hasta 200 metros de profundidad, cuya función será renovar el aire y garantizar la evacuación del humo en caso de incendio.

Asimismo, la seguridad también es un factor que ha obligado a rediseñar muchos estándares habituales. Por este motivo, el túnel incorporará iluminación inteligente, áreas de emergencia, sistemas de monitorización en tiempo real y conexiones constantes de comunicación.

Recordemos que la costa de Noruega es una sucesión de fiordos, glaciares y montañas que convierten cualquier desplazamiento terrestre en un verdadero desafío.

Si bien es cierto que muchos otros países prefieren construir puentes, Noruega ha preferido convertir los túneles en su especialidad.

De hecho, el país nórdico ya posee el túnel de carretera más largo del mundo, el Lærdalstunnelen, con 24,5 kilómetros, sin olvidar el Ryfylketunnelen, el túnel submarino de carretera más largo y profundo en funcionamiento. Rogfast, por su parte, romperá ambos récords.

Noruega considera que esta infraestructura es clave para mejorar la logística, reducir tiempos de transporte y fortalecer la conexión económica entre ciudades costeras, además de eliminar muchos trayectos en ferry y buscar una movilidad más estable y menos dependiente de la climatología marítima, las tormentas y el oleaje.

Se calcula que el proyecto costará unas 20.600 millones de coronas noruegas, equivalentes a 1.900 millones de euros, siendo un 40% financiado por el estado y el resto mediante peajes.

Sin embargo, el debate actual no se está centrando solo en los datos económicos, sino en la posible afectación de los ecosistemas: las excavaciones generarán millones de toneladas de roca con potenciales perjuicios indeseables.

Por este motivo, Noruega ya está ensayando técnicas de construcción que requieran un menor uso de combustibles fósiles y controles ambientales muy estrictos sobre vertidos, ruido submarino y residuos. Si todo avanza según lo previsto, Rogfast abrirá alrededor del año 2033.