La villa coruñesa de Muros es uno de los lugares más espectaculares del litoral atlántico gracias a su excepcional patrimonio histórico. Con un casco antiguo declarado Conjunto Histórico-Artístico, su trazado urbano sumerge a los turistas en un laberinto de calles mágicas, con iglesias góticas y tradicionales viviendas marineras.
El municipio es hogar, además, de un enigmático legado prehistórico que atrae a investigadores y entusiastas de la arqueología. En sus montes destaca el conjunto de Laxe das Rodas, una de las estaciones de petroglifos de la Edad del Bronce más importantes del norte peninsular.
Estas singulares inscripciones graníticas, compuestas por espirales y círculos concéntricos, son consideradas por los expertos como antiguos calendarios solares o altares sagrados que las comunidades prehistóricas utilizaban para invocar la fertilidad de la tierra.
Pero uno de los elementos más destacados de Muros es su profunda conexión con el Atlántico. El litoral de la localidad se rige por el potente régimen de mareas del océano Atlántico, un fenómeno natural que aquí alcanza una fuerza especialmente idónea para la ingeniería hidráulica histórica.
Muros, una villa excepcional
Cada seis horas, la ría experimenta oscilaciones en el nivel del mar que llegan a superar los cuatro metros de altura durante las llamadas mareas vivas. Este constante vaivén no solo modela el paisaje cambiante de las playas y los bancos de arena de la zona, sino que transformó el entorno en un laboratorio natural perfecto.
Los habitantes de la villa aprendieron así a "domesticar" la energía cinética del agua salada mucho antes de la llegada de la electricidad, estando aventajados en muchos aspectos gracias a su conexión con la naturaleza y esas mareas, que continúan azotando la villa.
La máxima expresión de este ingenio humano es el Pozo do Cachón, un monumental molino de mareas del siglo XIX que dependía por completo de este ciclo astronómico para su funcionamiento.
Durante la marea alta, las compuertas del complejo se abrían de forma automática por la presión del mar, inundando un enorme estanque de retención, y al alcanzar su punto máximo, iniciando la bajamar, las compuertas se cerraban para atrapar el agua.
La liberación controlada de este caudal embalsado hacia los canales de salida generaba la fuerza necesaria para hacer girar las pesadas piedras de granito, permitiendo moler el maíz de la comarca de forma continua.
Y toda esta maravillosa y amplia historia se completa, por supuesto, con una extraordinaria oferta gastronómica a la que cualquiera puede acceder para completar su visita a Muros, con un marisco de primera calidad y un pulpo cocinado siguiendo recetas tradicionales gallegas.
