Australia ha empezado a cubrir parte de sus reservas de agua con paneles solares. La idea parece sencilla, pero apunta a dos problemas enormes a la vez: producir electricidad limpia y reducir la evaporación en un país acostumbrado a vivir bajo presión hídrica.
Uno de los proyectos más llamativos está en Warrnambool, en el estado de Victoria. Allí, Wannon Water está instalando una planta solar flotante en Brierly Basin, el depósito que abastece a la planta local de tratamiento de agua.
El proyecto contará con unos 1.200 paneles bifaciales montados sobre pontones, capaces de captar luz directa del sol y también parte de la luz reflejada por el agua. La compañía lo presenta como una de las mayores instalaciones flotantes de Australia.
La instalación generará más de 600.000 kWh de electricidad renovable al año y permitirá reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en más de 600 toneladas anuales, según los datos publicados por Wannon Water.
El Gobierno de Victoria ya había anunciado el proyecto como una infraestructura de 1,4 millones de dólares australianos, diseñada para rebajar costes eléctricos y ayudar al sector del agua a avanzar hacia sus objetivos de cero emisiones.
Produce aún más energía
La clave no está solo en producir energía. Al flotar sobre la superficie del agua, los paneles actúan como una cubierta parcial que reduce la exposición directa al sol y puede limitar parte de la evaporación en depósitos y embalses.
Ese detalle es especialmente importante en Australia. En un país marcado por sequías, olas de calor y ciclos climáticos extremos, perder menos agua almacenada puede ser casi tan valioso como generar más electricidad renovable.
La solar flotante tiene además una ventaja técnica añadida. La proximidad del agua ayuda a refrigerar los módulos, y los paneles bifaciales pueden aprovechar la luz reflejada por la superficie, lo que mejora el rendimiento respecto a diseños más convencionales.
El proyecto de Warrnambool tiene 500 kW de capacidad desde marzo y que sus módulos bifaciales producen aproximadamente un 20% más de energía gracias al reflejo del agua.
La fórmula también ahorra suelo. En vez de ocupar terrenos agrícolas o naturales, las instalaciones flotantes usan superficies ya vinculadas a infraestructuras hídricas, como balsas de tratamiento, embalses, depósitos o lagunas artificiales.
No es una solución perfecta ni universal. Cubrir demasiada superficie puede alterar temperatura, oxígeno, luz, calidad del agua o ecosistemas acuáticos, por eso estos proyectos suelen plantearse como coberturas parciales y muy controladas.
