P. G. Santos
Publicada
Las claves

En un momento en el que las relaciones sentimentales atraviesan una profunda transformación, los psicólogos advierten de las posibles dudas que pueden aparecer entre los miembros de la pareja. Una de las más frecuentes es la de sentirse atraído por otra persona.

Y es que, estando con una pareja, puedes sentirte atraído por otra persona, tal y como ha señalado la psicóloga especializada en el amor Alicia González. Estas reacciones no pasan necesariamente por un filtro consciente, lo que genera conflictos internos difíciles de gestionar.

Lejos de interpretar este impulso como una anomalía, González lo sitúa dentro de la normalidad del comportamiento humano, aunque advierte que el problema no es la atracción en sí, sino la interpretación que hacemos de ella.

En ese punto emerge una de las claves de su reflexión: la duda. "También viene una duda que es si esa persona realmente me pudiera hacer más feliz", explica, introduciendo así un elemento psicológico que trasciende lo meramente instintivo.

Miedo a la incertidumbre

Esa duda, según la experta, conecta directamente con un fenómeno cada vez más presente en la sociedad actual: el llamado FOMO, acrónimo en inglés de "fear of missing out" o miedo a perderse algo mejor.

Aplicado al ámbito sentimental, este concepto se traduce en una inquietud constante ante la posibilidad de que exista una opción más satisfactoria, lo que dificulta la consolidación de vínculos estables y duraderos.

"El problema de la sociedad de hoy en día es el FOMO en las relaciones", afirma González, quien vincula esta tendencia con una cultura marcada por la sobreoferta, la inmediatez y la constante comparación facilitada por redes sociales.

Las consecuencias de este patrón no son menores. La psicóloga describe comportamientos recurrentes como rupturas impulsivas seguidas de reconciliaciones rápidas, en un ciclo emocional que puede generar desgaste y confusión en ambas partes implicadas.

"Algo muy típico es: lo dejo, pasan cinco días, vuelvo con mi ex", comenta, ilustrando un vaivén afectivo que, lejos de resolver conflictos, suele prolongarlos y dificultar una toma de decisiones clara y consciente.

Este tipo de dinámicas, añade, responde en muchos casos a una incapacidad para tolerar la incertidumbre y a la búsqueda constante de validación emocional, factores que se ven amplificados en el contexto digital actual.

Frente a este escenario, González propone una mirada más reflexiva que permita distinguir entre el impulso momentáneo y los valores personales, con el objetivo de tomar decisiones más alineadas con el bienestar a largo plazo.

Sus palabras invitan a repensar la forma en que se construyen las relaciones en el presente, en un contexto donde la libertad de elección convive con nuevas formas de inseguridad emocional difíciles de ignorar.