Buscar trabajo no sólo consiste en enviar currículums o acudir a entrevistas. Cada vez más especialistas alertan del desgaste emocional que provoca un paro prolongado, sobre todo, en las personas más vulnerables.
La psicóloga Esther Alonso insiste en que encontrar empleo también requiere cuidar la autoestima y la salud mental. La responsable del servicio de apoyo psicológico del programa de empleo de Cáritas lo explica en la página web de la organización.
Muchas personas llegan al servicio arrastrando frustración, inseguridad y una sensación constante de fracaso. Según señala, esas emociones terminan afectando directamente a las oportunidades laborales y a la capacidad para afrontar nuevos retos profesionales.
Alonso destaca que el objetivo principal del acompañamiento emocional no es diagnosticar patologías, sino ofrecer escucha, comprensión y herramientas para afrontar situaciones complejas derivadas del desempleo o de procesos migratorios especialmente difíciles.
Uno de los problemas más frecuentes entre quienes buscan trabajo es la baja autoestima. La psicóloga asegura que muchas personas desarrollan el conocido síndrome del impostor y sienten que no están preparadas, aunque realmente tengan capacidades suficientes.
Competencias blandas
También detectan altos niveles de frustración cuando los resultados no llegan rápidamente. Esa presión provoca ansiedad y bloqueos emocionales que terminan afectando tanto a la motivación como a la confianza en uno mismo durante las entrevistas.
Para Alonso, las empresas han cambiado sus prioridades en los últimos años. "Las empresas hoy se fijan más en la actitud y la proactividad que en los conocimientos técnicos puros", explica la psicóloga.
En ese contexto, las llamadas competencias blandas, como la comunicación, la resolución de conflictos o la empatía, se han vuelto más atractivas no sólo para conseguir empleo, sino también para mantenerlo durante más tiempo y crecer profesionalmente.
El programa de Cáritas combina sesiones grupales e individuales. Las dinámicas colectivas permiten que los participantes compartan experiencias similares y detecten necesidades emocionales comunes.
Después, cada persona puede reforzar aspectos concretos mediante un seguimiento psicológico más personalizado. La creación de un espacio seguro y sin juicios forma parte esencial del proceso.
Muchas personas llegan buscando únicamente ayuda laboral y descubren que hablar de sus emociones les permite aliviar tensión, ganar perspectiva y recuperar parte de la confianza perdida, según cuenta Alonso.
Esther Alonso considera que el principal reto ahora es consolidar el programa y lograr que el apoyo emocional sea visto como una herramienta imprescindible durante la búsqueda de empleo.
