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Las claves

El brote de hantavirus en el crucero MV Hondius ha devuelto este virus a la primera línea informativa, pero la preocupación sanitaria no se limita al barco. En Estados Unidos, un nuevo estudio apunta a un mapa de riesgo más amplio.

La alarma internacional se disparó después de que Reuters informara de tres fallecidos y siete casos confirmados o sospechosos entre pasajeros del crucero, fondeado frente a Cabo Verde. Aunque la OMS considera bajo el riesgo para la población general.

El episodio ha servido para recordar que los hantavirus no son una rareza médica sin consecuencias. Son virus transmitidos principalmente por roedores y capaces de provocar cuadros graves, especialmente cuando derivan en síndrome pulmonar por hantavirus.

La investigación de Los Alamos National Laboratory añade otro matiz a la gravedad de la situación. Sus autores analizaron el riesgo en Estados Unidos y concluyeron que las zonas más secas, menos desarrolladas y con mayor vulnerabilidad social presentan más riesgo relativo.

El trabajo, publicado en Transboundary and Emerging Diseases, estudió casos humanos de síndrome pulmonar por hantavirus entre 1993 y 2022 en el territorio continental de Estados Unidos. Su objetivo era cruzar clima, uso del suelo, roedores y factores socioeconómicos.

Letalidad del 35%

El patrón resultante desplaza parte de la atención hacia el oeste del país. Los investigadores encontraron más riesgo en áreas áridas, con mayor vulnerabilidad social, más riqueza de especies de roedores y zonas abiertas con bajo nivel de desarrollo.

La explicación ambiental es bastante lógica. En lugares más secos, los restos contaminados por orina, saliva o heces de roedores pueden persistir y pasar al aire con más facilidad, sobre todo al remover polvo en espacios cerrados.

Esa sigue siendo la vía principal de contagio. Los humanos suelen infectarse al inhalar partículas contaminadas procedentes de roedores infectados, especialmente en cobertizos, graneros, almacenes, casas cerradas o espacios mal ventilados con presencia de ratones.

Sin embargo, el caso del crucero parece algo distinto porque la OMS investiga un brote asociado probablemente a la variante Andes, vinculada sobre todo a Sudamérica. El motivo es que esta es la única cepa conocida con transmisión entre personas en contacto estrecho y prolongado.

La buena noticia es que la mayoría de hantavirus no se transmite de forma habitual entre humanos. El riesgo suele estar ligado al contacto con roedores o con ambientes contaminados por sus excreciones.

El estudio estadounidense también mira más allá del clima. Los Alamos destaca el papel de las áreas de borde, donde el desarrollo humano se mezcla con hábitats naturales de roedores, una zona especialmente sensible para muchas enfermedades emergentes.

La hipótesis no es simplemente que haya más roedores, sino que ciertas alteraciones del hábitat pueden aumentar el contacto con humanos. También pueden favorecer situaciones de estrés animal que incrementen la eliminación viral en el ambiente.

La dimensión social completa el mapa. Las áreas con más vulnerabilidad socioeconómica pueden tener peores viviendas, menos capacidad de control de plagas, más exposición laboral o menor acceso a diagnóstico rápido, factores que agravan un riesgo ya ambiental.

La gravedad del hantavirus explica por qué un brote pequeño genera tanta atención. Los Alamos recuerda que el síndrome pulmonar por hantavirus puede alcanzar una mortalidad aproximada del 35% en Estados Unidos, una cifra muy elevada para una infección poco frecuente.