Estados Unidos acaba de mover una ficha de mucho peso en la carrera por los minerales críticos. USA Rare Earth ha acordado la compra de la brasileña Serra Verde por 2.800 millones de dólares, en una operación que apunta directamente al dominio chino de las tierras raras.
El acuerdo, anunciado el 20 de abril, combina efectivo y acciones y se espera que cierre en el tercer trimestre de 2026. De hecho, forma parte de una ofensiva de USA Rare Earth para crecer en minería, procesado y fabricación de imanes.
La clave no está solo en el tamaño de la compra, sino en el tipo de mineral. Serra Verde controla la mina de Pela Ema, en Brasil, una fuente relevante de tierras raras pesadas como disprosio y terbio.
Esos elementos no son nombres exóticos para una tabla química. Son piezas esenciales para fabricar imanes permanentes usados en defensa, electrónica avanzada, vehículos eléctricos, aerogeneradores y otras tecnologías vinculadas a la transición energética.
Ahí está el fondo estratégico del movimiento. Estados Unidos no está comprando solo una mina en Brasil, sino una parte de la cadena industrial que más le preocupa: la que conecta extracción, separación, procesado y magnetismo avanzado.
Un recurso geopolítico clave
China sigue dominando una porción decisiva del negocio. Barron’s señala que el país controla alrededor del 85% de la capacidad mundial de procesamiento de tierras raras, justo el tramo donde se concentra buena parte del poder industrial.
La operación también tiene una arquitectura financiera poco habitual. USA Rare Earth cuenta con un paquete de financiación de 1.600 millones de dólares y que Serra Verde había recibido además 565 millones en respaldo financiero.
A eso se suma un contrato de compra a 15 años con precio garantizado para buena parte de la producción, respaldado por un vehículo con capital estadounidense. La lectura es clara: asegurar suministro antes de que falte.
Serra Verde no parte de cero. Su producción comercial comenzó en 2024 y la compañía aspira a alcanzar una capacidad de 6.400 toneladas métricas anuales para 2027, según los detalles recogidos por Reuters.
Brasil gana peso precisamente por eso. El país tiene recursos minerales abundantes y una posición geopolítica más útil para Washington que otros proveedores potenciales. Para Estados Unidos, diversificar fuera de China ya no es solo una preferencia industrial.
La compra encaja además en una racha de adquisiciones. USA Rare Earth ya había sumado la británica Less Common Metals y una participación en la francesa Carester, movimientos orientados a construir una cadena occidental más completa.
El objetivo final no es únicamente extraer tierras raras, sino convertirlas en productos de alto valor. En ese punto entran los imanes permanentes, imprescindibles para motores eléctricos, sistemas militares, turbinas eólicas y muchas tecnologías donde la dependencia externa resulta especialmente delicada.
Aunque la operación tampoco garantiza una independencia inmediata. China conserva una ventaja enorme en procesamiento, escala industrial, tecnología y control de mercado. Pero el acuerdo sí reduce una vulnerabilidad concreta: la falta de acceso estable a tierras raras pesadas fuera de Asia.
