Japón ha ayudado a reescribir uno de los capítulos más extraños de la vida marina prehistórica. Un estudio publicado en Science describe a Nanaimoteuthis haggarti, un enorme pulpo extinto del Cretácico tardío cuyos restos apuntan a que pudo ocupar la cima de la cadena trófica hace entre unos 86 y 72 millones de años.
La investigación se apoya en fósiles hallados tanto en Japón como en la isla canadiense de Vancouver, una combinación que ha permitido reconstruir mejor el papel ecológico de este animal en los mares del Pacífico norte.
Durante mucho tiempo, la imagen dominante situaba a grandes vertebrados como mosasaurios, plesiosaurios y tiburones en la cima casi exclusiva del ecosistema marino. Lo que plantea ahora este trabajo es que también había invertebrados gigantes compitiendo en esa misma liga, algo que obliga a revisar la jerarquía clásica de aquellos mares.
Esta especie de “kraken cretácico” capaz de alcanzar entre 6,6 y 18,6 metros de longitud se sitúa en tamaños comparables o incluso superiores a los del calamar gigante moderno, lo que la convertiría en uno de los mayores invertebrados marinos conocidos.
El hallazgo se sostiene sobre una parte anatómica poco vistosa, pero decisiva: los picos fosilizados. Como ocurre con otros cefalópodos, sus cuerpos blandos rara vez se conservan, así que los investigadores han tenido que reconstruir tamaño y comportamiento a partir de mandíbulas quitinosas.
Un grupo entero de gigantes
En total analizaron 27 picos fósiles, algunos reinterpretados y otros recién descritos, procedentes de Japón y de Vancouver Island. Esa base material es la que permite dar el salto desde la simple rareza anatómica hasta una hipótesis ecológica mucho más ambiciosa.
La clave científica está en el desgaste extremo de esas piezas. Los picos muestran fracturas, astillamientos y un patrón de uso compatible con una dieta dura, capaz de triturar conchas, huesos y otras estructuras resistentes. Ese detalle encaja mucho mejor con un gran depredador activo que con un cefalópodo oportunista o secundario dentro del ecosistema.
Los autores sugieren, por tanto, que estos animales competían por presas de alto nivel e incluso podían entrar en conflicto con grandes vertebrados marinos del Cretácico.
Los fósiles japoneses no son un apoyo marginal, sino una pieza clave de la reconstrucción del género Nanaimoteuthis, y refuerzan la idea de que el Pacífico del Cretácico tardío albergó formas de vida mucho más extrañas de lo que se pensaba. Además de N. haggarti, los investigadores identificaron otra especie emparentada, Nanaimoteuthis jeletzkyi, más pequeña pero también interpretada como depredadora potente.
Eso sugiere que no estamos ante una rareza aislada, sino ante un grupo de grandes cefalópodos muy especializados. El trabajo deja incluso una pista sobre el comportamiento. Los investigadores detectaron señales de lateralización en el uso de las mandíbulas, una especie de preferencia funcional comparable a la “dominancia” de un lado.
En animales actuales, ese tipo de patrón suele asociarse con sistemas nerviosos más complejos y conductas depredadoras elaboradas. No demuestra por sí solo una inteligencia comparable a la de los pulpos modernos, pero sí encaja con la idea de un cazador muy avanzado para su tiempo.
