La Alberca, en la Sierra de Francia, fue el primer municipio en haber logrado la declaración de Conjunto Histórico-Artístico en 1940 en España. Su casco urbano es un laberinto de callejuelas empedradas que transportan directamente a los turistas a la Edad Media.
El lugar mantiene una autenticidad arquitectónica que ha sobrevivido al paso de los siglos manteniéndose impoluta: ahí es donde reside la magia de este espectacular pueblo que, aún a día de hoy, sigue siendo un absoluto reclamo para españoles y extranjeros.
La arquitectura de la localidad destaca por su singularidad técnica y estética, basada en el uso de materiales autóctonos. Las casas se caracterizan por sus fachadas de entramado de madera, donde las vigas de castaño se entrelazan con piedra y cal.
Es común observar, una vez se está en La Alberca, cómo las plantas superiores sobresalen sobre la vía pública, una solución constructiva que protegía las calles de la lluvia y que hoy crea una atmósfera íntima y sombría que invita a recorrer el pueblo sin prisa. Es ideal para un largo paseo a pie.
El primer pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico
Uno de los mayores atractivos de La Alberca es su capacidad para mantener vivas tradiciones centenarias que marcan el ritmo del calendario local. El ejemplo más célebre es el "Marrano de San Antón", un cerdo que vive en libertad por las calles del pueblo desde junio hasta enero.
Es alimentado por los propios vecinos y turistas y es, sin duda, uno de los símbolos que más brillan del territorio. Esta curiosa e inolvidable estampa, junto a las tradiciones religiosas y festivales de la localidad, convierten al pueblo en un museo etnográfico vivo de la cultura castellana.
Grosso modo, en La Alberca se respira el propio pasado: desde la arquitectura y las tradiciones, hasta la gastronomía y la increíble conservación de cada uno de los elementos que caracterizan el "oasis" salamantino para los historiadores.
Además, es un sitio idóneo para los senderistas, que pueden disfrutar de rutas como el Camino de las Raíces, una vía circular que integra instalaciones artísticas en el propio bosque, o ascender a la cercana Peña de Francia para contemplar vistas panorámicas de la región.
En líneas generales, La Alberca es un destino imprescindible si lo que se busca es ambiente medieval, paseos tranquilos y repletos de historia y por supuesto naturaleza: todo ello acompañado de los mejores platos y unas vistas espectaculares.
