Asia ha empezado a pisar el freno en una de las peores fases posibles para hacerlo. En plena crisis energética derivada de la guerra con Irán y del colapso de los flujos por el estrecho de Ormuz, las refinerías de la región están procesando menos crudo y reduciendo especialmente la producción de combustibles medios, justo los que más preocupan ahora al mercado: diésel y queroseno de aviación.
El refino asiático se encamina a una caída muy marcada en abril y mayo, con importaciones de crudo en mínimos de diez años. La clave del giro está en el tipo de petróleo que falta.
Buena parte de Asia depende del crudo de Oriente Medio, sobre todo de calidades medias y agrias, que son especialmente adecuadas para fabricar diésel y jet fuel. Con la guerra y las disrupciones logísticas, muchas refinerías han tenido que sustituir parte de ese suministro por crudos más ligeros, como WTI estadounidense o barriles de África occidental, que generan relativamente más gasolina y nafta y menos de esos combustibles medios ahora tan tensionados.
Ahí está el verdadero problema. No se trata solo de que Asia refine menos, sino de que está refinando peor para las necesidades actuales del mercado. Reuters señaló que la caída del refino desde marzo ronda casi 2 millones de barriles diarios, y que las pérdidas de producción de diésel y combustible de aviación podrían situarse en hasta 2 millones de barriles al día solo en abril.
Es una cifra enorme en una región que ya venía soportando márgenes disparados y una fuerte presión sobre inventarios. El impacto se ha notado con especial claridad en Japón, uno de los mejores termómetros del estrés regional. Reuters recogió que las refinerías japonesas operaban a mediados de abril en torno al 67,8% de su capacidad, muy por debajo de los niveles superiores al 80% que mantenían antes de que estallara la guerra a finales de febrero.
Refinerías a medio gas
Ya en marzo, los datos de la Petroleum Association of Japan mostraban recortes fuertes de utilización y caídas en existencias de gasolina, jet fuel, queroseno y diésel. China también está contribuyendo a tensar el mercado, aunque por otra vía. Reuters informó a finales de marzo de que Pekín había frenado exportaciones de combustibles refinados, incluido el queroseno de aviación, para proteger su propia economía frente a la disrupción energética.
Esa decisión pesa mucho porque reduce el colchón regional en un momento en que otros países también están limitando ventas exteriores o priorizando su consumo doméstico. El resultado ha sido una escalada extraordinaria de precios y primas.
Los márgenes de refino en Asia tocaron en marzo sus niveles más altos en casi cuatro años, mientras el jet fuel superaba los 52 dólares por barril de margen y el gasóleo alcanzaba máximos no vistos desde 2022. Días después, la propia agencia señalaba que en Singapur el jet fuel había llegado a 204,13 dólares por barril el 17 de abril, más del doble que antes del inicio del conflicto, y que el gasóleo, base del diésel, seguía un 59% por encima del nivel previo a la guerra.
La región está dejando atrás, al menos temporalmente, la lógica de maximizar exportaciones o aprovechar márgenes extraordinarios para pasar a una política mucho más defensiva: asegurar crudo alternativo, priorizar mercados domésticos y recortar cargas cuando el suministro adecuado no llega.
El problema es que esa estrategia protege a corto plazo a algunas economías, pero agrava la escasez regional de diésel y combustible de aviación. Eso sí, el mercado ha mostrado esta misma semana una leve señal de alivio.
Las exportaciones de diésel y jet fuel desde el noreste asiático repuntarán en mayo gracias a mejores márgenes y a cierta mejora del suministro de crudo, con Corea del Sur y Taiwán aumentando cargamentos. Aun así, la agencia subraya que esos volúmenes siguen por debajo de los niveles previos al conflicto y que las condiciones continúan siendo mucho más tensas de lo normal.
