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Las claves

China cerró 2025 con 20,092 millones de puntos de recarga para vehículo eléctrico. Además de ser una auténtica cifra récord, demuestra que el país ha tratado la recarga como infraestructura industrial básica, al mismo nivel que la red, la batería y la fábrica.

La velocidad ayuda a medir el cambio. La Administración Nacional de Energía sostiene que China pasó de 10 a 20 millones de instalaciones en 18 meses, un ritmo que desplaza la discusión desde la adopción del coche hacia la arquitectura del sistema.

El desglose de esos 20 millones revela una estrategia híbrida. La red coordina 4,72 millones de cargadores de acceso público con 15,38 millones de unidades privadas, concentradas sobre todo en vivienda y aparcamiento residencial, que sostienen la carga cotidiana.

La red pública, además, no se ha limitado a crecer en número. La potencia media por punto alcanzó 46,5 kW al cierre de 2025, un 33% más interanual. Eso reduce tiempos de ocupación y aumenta la rotación útil del cargador.

La capilaridad ya se ve también en carretera. China afirma haber instalado 71.500 cargadores en más del 98% de sus áreas de servicio en autopistas y cobertura completa en todos los municipios de 19 regiones provinciales.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) señala a China con una cifra en torno al 65% de los cargadores públicos del mundo y cerca del 60% del parque global de turismos eléctricos ligeros. Solo en cargadores rápidos, el país concentró el 80% del crecimiento mundial en 2024.

La comparación útil no pasa solo por contar postes. De hecho, en China ya hay más de un cargador público por cada diez coches eléctricos; en contraposición, la Unión Europea la media ronda uno por cada trece. La diferencia es de densidad, pero también de modelo urbano.

España mide esa distancia en cable, permisos y puntos inactivos

España ofrece el punto de contraste si la comparamos con el gigante asiático. La Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC) situó el cierre de 2025 en 53.072 puntos de recarga de acceso público, un 37% más que un año antes. La cifra mejora, pero sigue muy lejos incluso de la fracción pública de la red china.

El cuello español aparece cuando el cargador deja de ser plano y pasa a ser obra. ANFAC contabiliza 16.340 puntos instalados pero fuera de servicio. El Banco de España describe una cadena con permisos, acometida, red, distribuidoras y operadores que ralentiza la conexión.

Ese retraso tampoco es abstracto. El Banco de España recordaba que España tenía alrededor de 38.000 puntos públicos operativos en el tercer trimestre de 2024, muy por debajo de los 80.000-110.000 fijados para 2023 y lejos de los 500.000 estimados para 2030.

Detrás de los cargadores hay otra capa menos visible: la red eléctrica capaz de absorber la demanda. China ya prueba en nueve ciudades sistemas vehículo-red para desplazar carga fuera de las horas punta y usar baterías móviles como apoyo al sistema.

La escala de esa carga exige red gruesa. Reuters informó en enero de 2026 de que State Grid prevé invertir 4 billones de yuanes entre 2026 y 2030 para reforzar el sistema. La recarga masiva no se sostiene solo con postes.

La imagen que dejan esos datos es clara. China no ha desplegado solo una red de recarga, sino una infraestructura acoplada al coche, a la vivienda, a la autopista y al sistema eléctrico. La ventaja no es numérica. Es física, operativa y territorial.