Durante más de un siglo, la paleontología había trabajado con una sospecha bastante sólida, pero sin la pieza fósil que permitiera convertirla en evidencia directa. Esa pieza ha aparecido ahora en Sudáfrica y tiene forma de embrión de Lystrosaurus conservado dentro de un huevo de hace unos 250 millones de años.
El hallazgo, publicado en PLOS One, aporta por primera vez una prueba fósil directa de que algunos sinápsidos antiguos del tronco evolutivo que acabaría conduciendo a los mamíferos se reproducían poniendo huevos. No es un detalle menor: hasta ahora, esa idea era muy razonable, pero seguía siendo en gran parte inferencial.
Conviene afinar bien el alcance de la noticia. Lystrosaurus no era un mamífero propiamente dicho, sino un sinápsido no mamaliano, muy anterior al grupo moderno. Precisamente por eso el fósil resulta tan valioso: permite asomarse a una fase profundísima de la historia evolutiva del linaje mamaliano.
La clave del estudio está en varios rasgos anatómicos muy concretos. El ejemplar aparece fuertemente encogido, en una postura compatible con una posición in ovo; además, carece de colmillos y conserva la sínfisis mandibular sin fusionar, un rasgo típico de embriones antes de la eclosión.
Hay otro detalle importante. Los investigadores no encontraron una cáscara calcificada, de modo que el huevo debió de ser blando o coriáceo, más parecido al de algunos reptiles actuales que al de un ave moderna. Ese matiz encaja bastante bien con la anatomía preservada y con la interpretación del conjunto fósil.
La importancia del hallazgo está en que durante años, los paleontólogos asumieron que los ancestros remotos de los mamíferos debieron poner huevos porque los monotremas actuales, como el ornitorrinco y las equidnas, siguen haciéndolo. Pero faltaba una demostración paleontológica directa en formas tan antiguas.
El nuevo trabajo cierra en buena medida ese vacío. Los autores, vinculados a la Universidad de Witwatersrand y al ESRF, sostienen que el embrión de Lystrosaurus ofrece una ventana inédita sobre la biología reproductiva de sinápsidos alejados del grupo corona de los mamíferos, justo donde el registro fósil era casi mudo.
La historia gana todavía más interés cuando se mira el contexto ecológico. Lystrosaurus fue uno de los grandes supervivientes del colapso biológico del final del Pérmico, hace unos 252 millones de años, la peor extinción masiva conocida. Su éxito posterior siempre intrigó a los investigadores.
El estudio propone que su estrategia reproductiva pudo ayudar bastante. Los autores interpretan que ponía huevos relativamente grandes para su tamaño corporal, con mucho vitelo, lo que habría permitido crías bastante desarrolladas al nacer y una menor dependencia de cuidados parentales posteriores, incluida la lactancia.
Además, los huevos grandes y blandos podrían haber ofrecido cierta ventaja en ambientes duros y secos, al retener mejor la humedad y proteger mejor el desarrollo embrionario. En un planeta devastado tras la gran extinción, ese tipo de adaptación reproductiva pudo marcar diferencias reales en la supervivencia.
