En el sureste de la península Ibérica, cerca de la actual localidad de Villena (en Alicante), se encuentra uno de los yacimientos más conocidos y llamativos de la Edad de Bronce: Cabezo Redondo.
Aunque hoy en día puede recorrerse a pie, hace 3.500 años fue el escenario de un gran incendio que, paradójicamente, dio lugar a la conservación de algunos de los restos más excepcionales de la arqueología europea.
De hecho, este no es un simple asentamiento prehistórico, sino un enclave que nos ofrece una ventana directa a la vida cotidiana, organización social y tecnología de una comunidad que vivió en torno al año 1500 a. C.
Y es posible conocer todos estos datos precisamente gracias a la conservación de materiales orgánicos que normalmente desaparecen con el tiempo, pero que el gran incendio ayudó a conservar.
La paradoja del incendio
Hace aproximadamente 3.500 años, un incendio arrasó parte del mencionado poblado. Las llamas consumieron estructuras, viviendas y espacios de trabajo. Sin embargo, precisamente el derrumbe de los techos durante el fuego ayudó a sellar ciertas áreas de la zona, creando una especie de cápsula del tiempo.
Como explicó Gabriel García Atiénzar, uno de los autores del trabajo publicado en la revista Antiquity: "El derrumbe del techo fue crucial, ya que creó un espacio sellado que permitió su conservación".
Ese proceso es el que permitió que materiales altamente perecederos, como madera o fibras vegetales, sobreviviesen en estado carbonizado. Entre todos estos materiales, destaca un hallazgo excepcional: un telar de madera casi completo, algo que a su vez es extremadamente raro en el contexto arqueológico europeo.
El descubrimiento del telar ha revolucionado el conocimiento sobre la producción textil durante la Edad de Bronce. Habitualmente, los arqueólogos solo encuentran elementos sueltos, como las pesas del telar, pero en este caso se han conservado también las vigas, cuerdas vegetales e incluso restos asociados al funcionamiento del sistema.
Esto ha permitido reconstruir de forma precisa cómo se tejía hace varios milenios. El telar, probablemente vertical y con pesas, evidencia una tecnología más sofisticada de lo que se pensaba para la época, además de reflejar una producción organizada y especializada.
Además, se ha objetivado el uso de madera de pino carrasco procedente de árboles maduros, lo que indicaría que los materiales del telar fueron cuidadosamente seleccionados, como explica Ricardo Basso, uno de los coautores del trabajo:
"Aunque el telar fue recuperado de una zona derrumbada y le faltaban algunas piezas, el conjunto compacto de 44 contrapesos cilíndricos con una perforación central, la mayoría de ellos de casi 200 g de peso, es característico de un telar vertical de pesas de urdimbre".
Según los investigadores, el telar de Villena se sitúa en un momento clave conocido como "revolución textil" prehistórica. Se trata de un periodo donde la producción de tejidos dejó de ser una actividad doméstica y se convirtió en una actividad económica relevante.
El desarrollo de la ganadería orientada a la lana y las mejoras tecnológicas impulsaron la producción más intensiva. En este contexto, los textiles no solo cubrían necesidades básicas, sino que también poseían un valor comercial e incluso simbólico.
Para finalizar, cabe destacar que uno de los aspectos más interesantes del hallazgo es su contexto: el telar no se encontró en un espacio privado, sino en una zona compartida entre varias viviendas, lo que sugeriría una actividad comunitaria.
Los datos bioantropológicos reforzarían esta idea, dado que algunos restos humanos muestran señales físicas asociadas al trabajo con fibras, apuntando a un papel relevante e incluso predominante de las mujeres en la producción textil.
Los hallazgos en Cabezo Redondo indicarían que este asentamiento estaba integrado en redes comerciales amplias, dado que también se encontraron materiales como oro, marfil o vidrio, lo que sugeriría contactos que iban más allá del ámbito local.
Por tanto, la producción textil pudo ser una actividad estratégica dentro de las redes del lugar, contribuyendo al papel del poblado como centro económico y político regional.
