Las claves
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Corea del Sur ha activado una ofensiva diplomática y energética de emergencia para proteger su suministro de crudo en plena disrupción del estrecho de Ormuz. El país enviará a Kazajistán, Omán y Arabia Saudí a Kang Hoon-sik, jefe de gabinete presidencial y enviado especial del presidente Lee Jae Myung.
La misión no tiene un carácter simbólico. Kang viajará para reunirse con gobiernos, compañías energéticas y operadores marítimos con un objetivo muy concreto: asegurar cargamentos de petróleo y nafta, garantizar que lleguen a puertos surcoreanos y sostener el flujo de bienes clave, incluidos productos médicos.
La urgencia se entiende con una sola cifra. Según el propio Gobierno, Corea del Sur depende de la ruta de Ormuz para aproximadamente el 61% de sus importaciones de crudo y para el 54% de las de nafta, una exposición enorme para una economía industrial y exportadora.
Ese grado de dependencia explica por qué Seúl lleva días intentando abrir salidas alternativas. Reuters informó el 6 de abril de que el Ejecutivo estudiaba nuevas rutas, consultas con Arabia Saudí, Omán y Argelia, e incluso el posible despliegue de buques hacia el mar Rojo.
La presión no se limita al petróleo. El conflicto también amenaza insumos muy sensibles para la industria tecnológica. Un asesor presidencial afirmó además que el país ya ha asegurado unas reservas equivalentes a cuatro meses de helio, una materia crítica para sectores como el de los semiconductores.
Una situación crítica para el país
En paralelo, el Ministerio de Industria aseguró que Corea del Sur ha cerrado suministros alternativos de unos 110 millones de barriles de crudo para abril y mayo procedentes de 17 países. Entre ellos figuran Arabia Saudí, Estados Unidos, Brasil, Australia, Congo, Gabón y Canadá.
El reparto previsto dibuja la escala del esfuerzo. Seúl calcula contar con 50 millones de barriles para abril y 60 millones para mayo. Según los datos oficiales citados por Reuters, eso cubriría alrededor del 60% de la demanda típica de abril y el 70% de la de mayo.
Aun así, el problema está lejos de resolverse. El Gobierno surcoreano reconoce que las refinerías locales han reducido de media un 10% su ritmo de operación desde que estalló la guerra con Irán, mientras que el suministro doméstico de nafta ha caído entre un 10% y un 20%.
La dimensión marítima también es crítica. Corea del Sur trabaja con socios internacionales para garantizar el paso seguro de 26 buques con bandera surcoreana que siguen esperando dentro del estrecho. La situación ilustra hasta qué punto la crisis no es solo de precios, sino también de logística física.
Antes de este nuevo viaje, Seúl ya había movido ficha con los países del Golfo. El 5 de abril, su ministro de Finanzas pidió a los embajadores del Consejo de Cooperación del Golfo que mantuvieran estables los suministros de petróleo, gas natural licuado, nafta y urea, y que ayudaran a proteger barcos y tripulaciones coreanas.
La visita de Kang llega además después de un acuerdo con Emiratos Árabes Unidos para recibir 24 millones de barriles, cargamentos que, según el Ejecutivo, ya han empezado a llegar a puertos surcoreanos. Pero ese pacto se entendía como un parche de corto plazo, no como solución estructural.
