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Las claves

Matera parece una ciudad salida de otra época, pero su singularidad va mucho más allá de la postal medieval. En el sur de Italia, en la región de Basilicata, este enclave Patrimonio de la Humanidad se ha convertido en uno de los ejemplos más llamativos de cómo una ciudad puede crecer literalmente a partir de la roca.

Su rasgo más reconocible, los Sassi, no son solo barrios históricos: son un paisaje urbano de casas excavadas, iglesias rupestres y espacios modelados durante milenios sobre un sistema de cuevas naturales.

Ahí está la clave de su belleza. No solo conserva una imagen medieval muy poderosa, sino que arrastra una continuidad histórica excepcional ligada al poblamiento rupestre. La UNESCO la define como el ejemplo más sobresaliente e intacto de asentamiento troglodita en la región mediterránea, perfectamente adaptado al terreno y al ecosistema.

Y subraya además que la primera zona habitada se remonta al Paleolítico, una idea que explica por qué esta ciudad sigue asociándose a una historia humana de muy larga duración. La fórmula de los “10.000 años de historia” funciona, precisamente, como una manera divulgativa de condensar esa profundidad temporal.

Las fuentes institucionales y turísticas oficiales hablan de un lugar con huellas de ocupación desde tiempos prehistóricos y de una secuencia histórica que enlaza cuevas, espacios excavados y transformaciones urbanas hasta la ciudad actual.

Un lugar único

No se trata de una cifra cerrada como si fuera una frontera exacta, sino de una forma de resumir una continuidad antiquísima que convierte a Matera en uno de los asentamientos humanos más antiguos y mejor conservados de Europa. Lo que impresiona de Matera es que esa antigüedad no quedó enterrada como en tantos yacimientos arqueológicos.

Aquí sigue visible en la propia estructura de la ciudad. Los Sassi reúnen más de un millar de viviendas, además de talleres, monasterios, iglesias y ermitas excavadas en la piedra de la Murgia. La lectura histórica del lugar no se hace solo en museos o vitrinas, sino caminando por calles, escalinatas y fachadas que nacieron de un diálogo continuo entre arquitectura y geología.

Ese es uno de los motivos por los que Matera sigue dando pistas sobre miles de años de historia. Cada estrato urbano ayuda a entender cómo distintas comunidades se adaptaron al relieve, aprovecharon cavidades naturales y fueron ampliándolas, conectándolas y transformándolas en espacios domésticos, religiosos y productivos.

La propia UNESCO destaca que los asentamientos posteriores ilustran varias etapas significativas de la historia humana, algo poco común en un entorno urbano que todavía mantiene una identidad tan reconocible.