Las claves
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Tras años de abandono indiscriminado de mascotas exóticas en España, la tortuga de Florida se expande más allá de sus ubicaciones clásicas como Atocha o el Delta del Ebro. Este movimiento no solo representa un cambio en el paisaje urbano, sino que pone en riesgo la conservación de la biodiversidad local.
La tortuga en cuestión, cuya venta fue prohibida en 2013, ha tenido un crecimiento notable en nuestro país, siendo la principal protagonista de esta expansión que preocupa a los expertos. Aunque también hay otras especies como la Pseydemys o Mauremys que no se quedan cortas en lo que atañe a movilización.
Estos ejemplares crecen rápidamente hasta alcanzar tamaños que los propietarios no pueden gestionar en cautividad, y acaban soltándolos en estanques o ríos cercanos para que continúen su camino en libertad. Este abandono en medios naturales hace que los galápagos autóctonos se vean gravemente perjudicados.
Las tortugas exóticas, generalmente, son más agresivas y longevas, por lo que compiten ventajosamente por el alimento y los mejores lugares de asoleamiento, haciendo que las especies locales se vean cada vez más afectadas: el impacto ecológico es profundo y no hay que tomarlo a la ligera.
El peligro de las tortugas exóticas
La sola presencia de estos ejemplares en un hábitat que no es el suyo propiamente, altera el equilibrio de la cadena trófica y pone en riesgo de extinción a otros galápagos como el leproso y el europeo. Además, las tortugas invasoras también actúan como vectores de enfermedades y parásitos que pueden diezmar a las poblaciones de reptiles locales.
Los expertos aseguran que la revolución que este tipo de tortugas establece es una degradación silenciosa de los humedales de España, y eso requiere intervención constante por parte de las autoridades ambientales.
Ante esta preocupante situación, que empieza a desbordarse debido a que, sobre todo la tortuga de Florida, se encuentra cada vez en más rincones, las administraciones han endurecido las sanciones para quienes liberan especies exóticas en entornos naturales.
La solución propuesta por los biólogos, primeramente, pasa por la concienciación ciudadana y la entrega responsable de estos animales a centros de recuperación de fauna -o incluso a puntos de recogida municipales-. Ahora, hay que poner el foco en controlar poblaciones ya establecidas y encontrar la manera de que no se realicen más abandonos.
Ahora mismo, es complicado frenar de golpe su expansión, pero poco a poco se puede conseguir frenar el número de ejemplares que deambulan por España. Se espera que con el tiempo la situación mejore.
