J. Rodríguez
Publicada

Las claves

La industria energética y el reciclaje dan un paso inesperado con una tecnología que une a China, Estados Unidos y Alemania para transformar residuos plásticos en gasolina mediante un proceso más eficiente y sencillo.

Investigadores de la Universidad de Columbia, la Universidad Técnica de Múnich y la East China Normal University han desarrollado este método, publicado en la revista Science, que busca resolver uno de los mayores desafíos del reciclaje químico actual.

El objetivo principal consiste en tratar mezclas reales de residuos plásticos sin incrementar el consumo energético ni complicar el proceso con múltiples fases, algo que hasta ahora limitaba la viabilidad industrial de estas soluciones.

Uno de los puntos clave del avance es su capacidad para abordar el reciclaje del PVC, considerado uno de los materiales más problemáticos debido a su contenido en cloro y los riesgos asociados a su descomposición.

Según recoge el South China Morning Post, el sistema integra en una sola etapa varias reacciones fundamentales, como la descloración y la ruptura de enlaces de carbono, además del intercambio de hidrógeno con compuestos específicos.

La reacción que lo permite

Esta combinación permite equilibrar reacciones endotérmicas y exotérmicas, lo que facilita operar a temperaturas bajas y presión atmosférica, reduciendo significativamente el gasto energético respecto a métodos tradicionales.

El proceso utiliza líquidos iónicos cloroaluminatos como catalizadores junto a isoalcanos ligeros, habituales en refinerías, lo que favorece la conversión de residuos plásticos mixtos y contaminados en condiciones más realistas.

Además de producir hidrocarburos líquidos similares a la gasolina convencional, la tecnología permite recuperar el cloro del PVC en forma de ácido clorhídrico, un subproducto reutilizable en diversas industrias.

Las pruebas realizadas muestran resultados prometedores, con tasas de conversión superiores al 96% en residuos tratados a 80 grados, incluyendo materiales procedentes de cables o envases rígidos.

Estos residuos se transforman en cadenas de entre seis y 12 átomos de carbono, que constituyen la base química de la gasolina, lo que confirma el potencial práctico del sistema desarrollado por los científicos.

Más allá del rendimiento, el avance destaca por su posible integración en infraestructuras ya existentes, como refinerías o plantas de tratamiento, evitando la necesidad de instalaciones completamente nuevas y costosas.

Este enfoque abre la puerta a reducir emisiones, abaratar costes energéticos y dar una segunda vida a plásticos que actualmente terminan en vertederos, consolidando una alternativa real dentro de la economía circular.