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Las claves

Sacar antimateria a pasear por carretera suena a titular imposible, pero esta semana ocurrió en el CERN: por primera vez, un equipo logró transportar una nube de antiprotones en un sistema móvil, sin que tocaran materia ordinaria y se aniquilaran.

El hito lo firmó la colaboración BASE (Baryon Antibaryon Symmetry Experiment), que acumula antimateria en una trampa transportable tipo Penning y la mueve fuera del entorno estable del laboratorio. El objetivo no es el espectáculo: es medir con más precisión las propiedades del antiprotón.

La “Antimatter Factory” del CERN es, hoy, el único lugar del mundo donde se producen antiprotones de baja energía con continuidad, gracias a sus desaceleradores AD y ELENA. Cuanto más lenta llega esa antimateria, más fácil es confinarla sin pérdidas.

En la prueba, los investigadores reunieron alrededor de 100 antiprotones, desconectaron la trampa del montaje fijo, la cargaron en un camión, recorrieron el propio recinto del CERN y la reconectaron después. Es, sobre todo, una demostración de que la logística también puede ser física fundamental.

¿Por qué tanto esfuerzo por unas partículas tan escasas? BASE busca comparar con precisión extrema el momento magnético del antiprotón con el del protón. Si apareciera una diferencia inesperada, sería una pista directa hacia el gran problema cosmológico: por qué el universo es casi todo materia.

El primero de muchos

La trampa funciona como una “jaula” de campos eléctricos y magnéticos dentro de un ultraalto vacío: así se evita que los antiprotones choquen con gas residual o con las paredes del recipiente. En antimateria, rozar lo cotidiano es desaparecer en un destello.

El salto práctico tiene otra motivación menos filosófica y más instrumental: el CERN es un lugar ruidoso en términos magnéticos. Los aceleradores cercanos introducen fluctuaciones de campo que limitan la precisión alcanzable, y por eso el plan es llevar los antiprotones a laboratorios más “silenciosos”.

Aquí entra BASE-STEP (Symmetry Tests in Experiments with Portable antiprotons), el proyecto que lleva una década construyendo una trampa móvil compacta. El aparato pesa unos 850 kg, integra imán superconductor, criogenia con helio líquido, reservas de energía y cámara de vacío, y está diseñado para resistir vibraciones de carretera.

De momento, el sistema ha logrado conservar antiprotones sin pérdidas durante dos semanas y moverse de forma autónoma durante unas cuatro horas; suficiente para un rodaje interno, pero corto para viajes reales. Para llegar, por ejemplo, a Düsseldorf o Hannover, habría que sostener el imán por debajo de 8,2 K (−265 °C) durante muchas más horas.

La solución que se baraja apunta a un cambio de filosofía: sustituir consumibles como el helio líquido por un criorefrigerador alimentado por generador en el propio camión, de forma que la ventana de transporte deje de estar dictada por el “combustible” criogénico. Es ingeniería dura al servicio de medidas aún más finas.

Si la ruta termina siendo rutinaria, el premio es enorme para la metrología de antimateria: poder repetir mediciones de precisión en distintos laboratorios europeos, con menos interferencias, y cruzar resultados con técnicas heredadas de relojes atómicos y control cuántico. En Hannover ya operan trampas Penning preparadas para ello.