J. Rodríguez
Publicada

Las claves

El futuro de la cerceta pardilla en España empieza a dar un giro esperanzador. Y es que aunque hace muy poco las cosas no pintaban bien para esta especie, unos nuevos humedales restaurados se han convertido en su principal refugio reproductor.

Tras cinco años de trabajo coordinado, el proyecto LIFE Cerceta Pardilla ha logrado recuperar más de 3.600 hectáreas de humedales, un factor decisivo para la supervivencia de esta especie en peligro crítico.

La mejora del hábitat ha sido clave. Las actuaciones han incluido una gestión hídrica más eficiente, la creación de zonas de nidificación y la revegetación de espacios degradados, permitiendo reconstruir ecosistemas esenciales para su reproducción.

Gracias a estas medidas, la población ha experimentado un notable crecimiento. Desde 2021, se han alcanzado 172 hembras reproductoras con pollos en libertad, la cifra más alta registrada en las últimas dos décadas, y 1.427 pollos.

El éxito también se refleja en la expansión territorial. Se han identificado nuevas áreas de cría en Andalucía y la Comunitat Valenciana, mientras que Murcia ha recuperado la reproducción de la especie tras quince años de ausencia.

Historia de éxito

Uno de los aspectos más innovadores ha sido la gestión del ecosistema mediante tecnología. El uso de ganado con collares GPS ha permitido controlar la vegetación de forma precisa, combinando tradición y modernidad en entornos complejos.

Además, el refuerzo poblacional ha sido fundamental. Más de 3.700 ejemplares criados en cautividad han sido liberados en humedales estratégicos, favoreciendo tanto el aumento de individuos como la estabilidad a medio plazo.

El seguimiento científico ha aportado información clave. Gracias a dispositivos GPS, se han identificado rutas migratorias entre España y el norte de África, así como más de 60 humedales utilizados por la especie.

La reducción de amenazas ha sido otro pilar del proyecto. Se han impulsado medidas contra la caza accidental, el furtivismo y enfermedades como el botulismo, además de acuerdos con el sector cinegético para minimizar riesgos.

La implicación social ha resultado decisiva. Agricultores, ganaderos y entidades locales han participado activamente en la conservación, integrando la protección de los humedales en sus actividades económicas y fomentando una gestión sostenible.

En paralelo, el proyecto ha desarrollado acciones educativas y de sensibilización, con decenas de actividades en centros escolares y jornadas formativas que refuerzan la conciencia ambiental en torno a estos ecosistemas.

La cerceta pardilla comienza a dejar atrás su imagen de especie al borde de la desaparición. Sin embargo, su recuperación sigue dependiendo de un factor esencial: la conservación activa y continua de los humedales.