P. G. Santos
Publicada

Las claves

El satélite NOAA‑21, fruto de la colaboración entre la NASA y la NOAA, ha registrado las imágenes más detalladas hasta la fecha de la evolución del ciclón Narelle a medida que se intensificaba sobre el mar del Coral y se acercaba a la península del cabo York, en Australia.

El instrumento VIIRS, con su capacidad de escanear tanto en luz visible como en infrarrojo, capturó el ciclón el pasado 19 de marzo cuando ya se había consolidado como un huracán de categoría 5.

Las imágenes muestran un sistema compacto, con densas nubes girando en torno a un ojo claramente definido, comparable a los ciclones más intensos de los últimos años.

Narelle presentaba vientos sostenidos de hasta 233 kilómetros por hora, lo que lo situaba en el escalón más alto de la escala australiana. Por su presión central se ha convertido en el sistema más potente del año en el hemisferio sur.

En el momento de la toma, el ojo de Narelle se hallaba a unos 369 kilómetros al noreste de Cairns, trasladándose hacia el oeste a unos 20 kilómetros por hora.

El pronóstico de la oficina de meteorología de Australia indicaba que el centro tocaría la península del cabo York alrededor de las 7:00 de la mañana del 20 de marzo, todavía con fuerza de categoría 4 o 5.

Las autoridades de Queensland advirtieron de rachas de viento "muy destructivas" superiores a 250 km/h en la zona del ojo, con ráfagas de hasta 160 km/h en un área más amplia.

Bajo la trayectoria prevista, quedaban comprendidos pueblos como Coen, Weipa, Aurukun, Lockhart River y Cape Flattery, todos en estado de máxima alerta.

Además del viento, el sistema trae consigo lluvias torrenciales que podrían acumular hasta la mitad de un metro en zonas puntuales, incrementando el riesgo de inundaciones súbitas.

La topografía de la península —con cauces poco profundos y suelos saturados por lluvias previas— multiplica el peligro de colapsos de infraestructuras y cortes de carreteras.

Las observaciones de VIIRS forman parte de una constelación de satélites polares (NOAA‑20, NOAA‑21 y S‑NPP) que permiten monitorizar el ciclo vital de cada ciclón con una frecuencia casi continua.

Esta vigilancia en tiempo casi real ayuda a ajustar modelizaciones y avisos de emergencia, reduciendo el margen de error en la previsión de trayectoria e intensidad.

Narelle se perfila como un caso de estudio de la interacción entre ciclogénesis rápida y calentamiento del océano tropical, en un contexto de temporada austral más activa de lo promedio.

La combinación de imágenes de alta resolución con datos de presión y viento abre la puerta a nuevos modelos de simulación más precisos para futuras temporadas de ciclones.