Las claves
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Arabia Saudí ha decidido que ni el clima ni la geografía marcarán el límite de sus ambiciones turísticas: en las montañas de NEOM levantará tres presas gigantes para sostener un lago artificial de 2,8 kilómetros en pleno desierto.
El enclave elegido es Trojena, la futura estación de esquí saudí, concebida como escaparate global de un país empeñado en diversificar su economía y presentarse como destino de montaña, nieve y deportes acuáticos donde antes solo había roca árida.
El corazón de este proyecto será un lago de agua dulce de 1,5 kilómetros cuadrados de superficie, diseñado no solo como reclamo paisajístico, sino como escenario para navegación recreativa, actividades deportivas y un nuevo ecosistema artificial cuidadosamente planificado.
Para contener ese volumen de agua se está construyendo una presa principal de hormigón compactado con rodillo, que alcanzará los 145 metros de altura y casi medio kilómetro de longitud, acompañada por otra estructura de hormigón y una tercera barrera de roca.
90.000 m3 de roca reutilizada
Detrás de estas cifras se encuentra la italiana Webuild, adjudicataria de un contrato de unos 4.300 millones de euros, que coordina a más de 10.000 trabajadores en un movimiento constante de tierras y excavaciones semanales de hasta 90.000 metros cúbicos de roca reutilizada.
El lago y sus presas forman parte del plan Saudi Vision 2030, la hoja de ruta con la que Riad pretende reducir su dependencia del petróleo mediante megaproyectos turísticos, tecnológicos y deportivos capaces de atraer inversión extranjera y visitantes de alto poder adquisitivo.
Trojena aspira además a convertirse en la aldea olímpica del desierto: sus infraestructuras hidráulicas servirán de base para los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, una cita que Arabia Saudí quiere utilizar como presentación oficial de su nueva imagen al mundo.
Alrededor del lago se dibuja un catálogo de lujo: un W Hotel junto al llamado Lake Village, un resort Anantara en el Water Village y complejos residenciales que sumarán miles de habitaciones y servicios asociados al turismo de montaña y bienestar.
Los promotores anuncian islas botánicas, bosques "encantados" recreados artificialmente y The Bow, una estructura suspendida sobre el vacío que acogerá un hotel de cinco estrellas y se perfila como icono arquitectónico de esta nueva postal saudí.
La apuesta no está exenta de interrogantes ambientales: la creación y mantenimiento de un gran lago en una región árida obliga a redoblar la producción de agua desalada y a garantizar un suministro continuo que no agrave el estrés hídrico del país.
Ríos subterráneos artificiales
Arabia Saudí lleva décadas invirtiendo en infraestructuras de agua, desde redes de conducción hacia la costa del mar Rojo hasta sistemas de ríos subterráneos artificiales, pero Trojena pone a prueba hasta dónde está dispuesta a llegar esa ingeniería hídrica.
Las autoridades defienden que el lago se integrará en un esquema amplio de reutilización y transporte de agua, apoyado en plantas desalinizadoras y sistemas de bombeo que ya hoy permiten abastecer a ciudades enteras en medio del desierto.
Los responsables de NEOM aseguran que la estación de esquí abrirá a finales de 2026, con el lago operativo y conectado por helipuerto y, en el futuro, por tren de alta velocidad, en un territorio hasta ahora inaccesible para el turismo internacional.
En este laboratorio urbano y paisajístico, cada kilómetro de tubería y cada presa sirven a un doble propósito: sostener la imagen futurista de NEOM y demostrar que el reino puede dominar el agua igual que dominó durante décadas el mercado del petróleo.
El tiempo dirá si el lago de Trojena se consolida como emblema de un nuevo modelo económico saudí o como símbolo de una época de excesos constructivos, en la que la ingeniería se atrevió a reescribir las fronteras entre desierto, nieve y agua.
