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Las claves

Hace 105 millones de años, en la era del Cretácico, una pequeña avispa quedó atrapada en una sola gota de resina que caía de un árbol en una zona que hoy llamamos Cantabria, en el norte de España.

Esta resina se endureció, quedó enterrada bajo sedimentos y, tras el paso de millones de años, acabó formando ámbar. Ahora, tras el paso de los años, ese diminuto insecto fosilizado ha sido 'descubierto' y ha dado pie a conocer una 'nueva' especie de avispa.

Esa sería la conclusión de un trabajo publicado en la revista Palaentomology, a cargo de un grupo internacional de investigadores, los cuales habrían descubierto esta avispa hasta ahora desconocida en un yacimiento de ámbar en El Soplao, en Cantabria.

Se trata de uno de los enclaves paleontológicos más importantes de Europa en cuanto al estudio del Cretácico se refiere.

Una avispa perfectamente conservada en ámbar

Este nuevo fósil de avispa, al cual han denominado Cretevania orgonomecorum, sería una especie inédita dentro del grupo de avispas primitivas conocidas como evánidas.

A diferencia de muchos fósiles donde tan solo se conservan partes duras de los organismos, como huesos, caparazones o dientes, en este caso el ámbar ha podido preservar estructuras extremadamente delicadas del ejemplar.

Recordemos que, cuando la resina vegetal se solidifica rápidamente, es capaz de encapsular organismos y restos biológicos con un alto nivel de detalle.

Esto permite observar elementos que muy raramente se conservan en otros tipos de fósiles: tejidos blandos, pigmentos, diminutos pelos corporales o incluso redes de venas en las alas de los insectos.

En este caso, los investigadores pudieron analizar el ejemplar de Cretevania orgonomecorum con un alto nivel de precisión, usando microscopía confocal y reconstrucciones tridimensionales de alta resolución.

Gracias a estas técnicas se pudieron identificar rasgos distintivos del ejemplar respecto a otras avispas primitivas conocidas: la forma de sus antenas, la estructura de su tórax, la disposición de las patas y la red de venas de sus alas serían rasgos distintivos de C. orgonomecorum dentro del mundo de los insectos fósiles.

El género Cretevania ya era conocido anteriormente, dado que se trata de un grupo de evánidas cuyos fósiles se han encontrado principalmente en depósitos del Cretácico en Asia, especialmente en China y Myanmar.

Sin embargo, este ejemplar hallado en Cantabria posee rasgos morfológicos diferenciales que no coincidirían con ninguna de las especies descritas hasta el momento.

Entre otros rasgos destacables, C. orgonomecorum posee un mayor tamaño respecto a otros miembros conocidos de su género, además de variaciones morfológicas respecto al tamaño de su tórax y sus alas; de ahí la necesidad de describirla como una nueva especie.

Además, este descubrimiento ha obligado a revisar algunos criterios usados para clasificar este grupo de avispas fósiles, refinando así el árbol evolutivo de las evánidas.

Cabe destacar que el Cretácico medio, el periodo donde vivió esta avispa, fue una época en la que gran parte del continente europeo se encontraba cubierto de mares cálidos y poco profundos.

La Península Ibérica formaba un archipiélago de islas rodeado de aguas tropicales, un entorno donde prosperaban bosques ricos en coníferas productoras de resina junto a las primeras plantas con flor.

Estos ecosistemas también poseían una gran variedad de insectos, reptiles primitivos y otros organismos.

En este aspecto, las avispas evánidas resultan especialmente interesantes para los paleontólogos por su gran variabilidad morfológica y su amplia distribución alrededor del mundo: son buenos indicadores para estudiar la evolución de los insectos, además de ayudar a datar los sedimentos en los cuales aparecen.

Finalmente, cabe destacar la zona donde se ha encontrado la nueva avispa, El Soplao, un yacimiento de ámbar situado entre los municipios cántabros de Herrerías, Valdáliga y Rionansa.

Aunque hoy en día es más conocido por su llamativa cueva, el yacimiento fue descubierto al inicio del siglo XX durante trabajos mineros. La denominación "El Soplao" procede de un fenómeno asociado típicamente a las minas: el fuerte flujo de aire que se produce cuando una galería pobre en oxígeno se conecta con otra con mayor ventilación.