P. G. Santos
Publicada

Las claves

La liebre ibérica siempre ha sido un emblema indiscutible de nuestros campos. Sin embargo, este pequeño mamífero endémico atraviesa una etapa crucial en España. Los expertos alertan sobre las fluctuaciones recientes de sus poblaciones debido a diversas amenazas.

Su distribución actual abarca casi toda la península, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Pese a que parece una especie muy abundante, una monitorización constante es necesaria para garantizar su futura supervivencia.

El hábitat preferido de la especie revela mucho sobre su carácter: los espacios abiertos. Sus dominios naturales son agrosistemas, matorrales ralos, campiñas andaluzas y olivares. En el norte, ocupa pastizales de montaña y zonas de pie de monte.

Se adapta a condiciones muy distintas según la región. Pero hay un lugar en España donde la liebre ibérica alcanza su máximo esplendor. Se trata de la Vera del Parque Nacional de Doñana.

En esa franja de ecotono entre la marisma y el monte, se han registrado densidades de hasta 196 liebres por kilómetro cuadrado en condiciones óptimas, la cifra más alta documentada en todo el territorio nacional, lo que demuestra un enorme potencial reproductivo.

Estos números contrastan con la realidad de otras zonas. Sus poblaciones han sufrido graves descensos durante las últimas décadas en toda España. En cultivos intensivos de cereal en León, la densidad cae hasta los 22 individuos por km². En olivares andaluces puede alcanzar los 80.

Las enfermedades, gran amenaza

La intensificación agrícola y la destrucción paulatina de linderos han hecho que se reduzcan los refugios naturales. Sin matorrales donde esconderse, las crías quedan totalmente expuestas ante los numerosos depredadores del entorno.

Otro factor devastador ha sido el continuo brote de graves enfermedades víricas. La mixomatosis, que históricamente atacaba solo a los conejos, mutó para afectar severamente a nuestras liebres. Este salto patológico causó mortalidades masivas durante los últimos años.

No debemos olvidar que este lagomorfo es una pieza totalmente fundamental del ecosistema ibérico. Depredadores emblemáticos como el lince ibérico o el águila imperial dependen enormemente de sus poblaciones.

La actividad cinegética también juega un rol decisivo en esta compleja ecuación medioambiental. Una gestión responsable permite mantener un equilibrio sostenible entre las extracciones y las tasas de renovación natural, evitando así que los cotos sufran un declive irreversible.

Desde el MITECO se proponen medidas urgentes para revertir cualquier tendencia poblacional negativa. Recuperar zonas de barbecho y crear linderos arbustivos son estrategias prioritarias que facilitarían la supervivencia diaria de estos animales.

Lo llamativo de esta especie es que, pese a que se describió en 1856, su posición taxonómica estuvo en disputa hasta 1979, cuando estudios biométricos y bioquímicos confirmaron definitivamente que se trata de una especie propia y diferenciada del resto de liebres europeas.

La reproducción de la liebre ibérica es continua a lo largo del año, con un pico entre febrero y junio. La gestación dura entre 42 y 44 días, y las camadas oscilan entre uno y cinco lebratos, que nacen completamente solos, sin recibir cuidados parentales de ningún tipo.