Las claves
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Una mujer de hace unos 2.500 años, enterrada en el Altái siberiano, habría sobrevivido a una lesión brutal en la mandíbula gracias a una intervención que hoy se describiría como una reconstrucción articular con ligadura protésica rudimentaria. Esta no es la cirugía más antigua de la historia, pero sí uno de los ejemplos más tempranos y sorprendentes de cirugía mandibular compleja documentada arqueológicamente.
El caso procede de una tumba excavada en 1994 en la meseta de Ukok, en el sur de Siberia, dentro del ámbito de la cultura pazirik o Pazyryk, grupos nómadas de la Edad del Hierro que ocuparon las estepas euroasiáticas entre los siglos VI y III a. C. La mujer tenía entre 25 y 30 años al morir y parte de su cabeza se conservó momificada por el permafrost.
Durante años, el hallazgo no pareció especialmente excepcional, en parte porque la piel momificada impedía estudiar bien el cráneo sin dañar los restos. La clave llegó después, cuando investigadores vinculados a la Universidad Estatal de Novosibirsk y a la rama siberiana de la Academia Rusa de Ciencias sometieron el cráneo a tomografía computarizada.
Las imágenes revelaron una lesión grave en la articulación temporomandibular derecha: el cóndilo estaba desplazado, la articulación había quedado destruida y el daño habría dificultado enormemente hablar y masticar. Los investigadores plantean que la causa pudo ser una caída del caballo o un impacto muy fuerte, una hipótesis razonable en una cultura ecuestre como la pazirik.
Lo realmente desconcertante apareció después. En los huesos de esa articulación había dos canales finos perforados, que convergían en ángulo recto, y en su interior se detectaron restos de un material elástico, probablemente crin de caballo o tendón animal, usado para mantener unidas las superficies articulares. Los propios autores lo describen como una especie de “prótesis primitiva”.
Recuperó parte de la movilidad
Ese montaje no devolvía una función normal. Según Andrey Letyagin, permitió estabilizar la articulación y conservar cierto movimiento mandibular, aunque la paciente seguía sin poder masticar bien por el lado lesionado debido al dolor intenso. Aun así, para una lesión así en plena Edad del Hierro, el resultado debió de ser literalmente salvador.
La prueba de que no se trata de una manipulación post mortem está en el hueso mismo. Las tomografías muestran crecimiento óseo alrededor de los orificios, señal de cicatrización, y además los molares del lado opuesto presentan un desgaste mayor, compatible con alguien que pasó meses o incluso años masticando solo por un lado tras la operación.
Los investigadores hablan de la primera evidencia conocida de una intervención de este tipo, no de la primera cirugía de la humanidad. La cirugía más antigua documentada sigue siendo la trepanación, practicada miles de años antes en distintos lugares del mundo.
También existe constancia mucho más antigua de la reducción de luxaciones mandibulares en textos médicos, como un papiro egipcio de alrededor de 1500 a. C. Pero una cosa es recolocar una mandíbula y otra bastante distinta perforar hueso, introducir una ligadura orgánica y reconstruir funcionalmente una articulación dañada. Ahí está la rareza del caso siberiano.
Una vista del lado derecho del cráneo de la mujer de Pazyryk.
El hallazgo cambia además la imagen simplona de los Pazyryk como meros jinetes guerreros. Ya existían trabajos que los vinculaban con prácticas sofisticadas, incluida la trepanación craneal, y este nuevo caso sugiere un conocimiento anatómico y técnico bastante más fino de lo que suele concederse a las sociedades nómadas de la estepa.
