Las claves
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Durante décadas, la lonsdaleíta fue el diamante del rumor científico: una fase hexagonal del carbono asociada a impactos de meteoritos, citada como potencialmente más dura que el diamante cúbico, pero difícil de aislar sin mezclas y defectos.
Ahora, un equipo chino asegura haber dado el paso que faltaba: fabricar diamante hexagonal a granel, en un fragmento milimétrico y con una pureza de fase suficiente para medir propiedades sin que todo se diluya en ambigüedades mineralógicas.
El trabajo, publicado en Nature, parte de un material muy poco glamuroso: grafito altamente orientado (HOPG). La clave fue comprimirlo a lo largo del eje c, forzando un reordenamiento distinto al que suele llevar al diamante normal.
Las condiciones son de las que no se improvisan: presiones en torno a 20 GPa y temperaturas elevadas de hasta 1.900 grados centígrados. Con esa combinación, los autores dicen haber recuperado un disco de diamante hexagonal de tamaño milimétrico, algo que marca distancia frente a las trazas meteóricas.
Para demostrar que no era un diamante cúbico defectuoso disfrazado, el equipo combinó caracterizaciones estructurales avanzadas y simulación. Ese punto es central porque había una controversia fuerte: en 2014 se propuso que la lonsdaleíta era, en realidad, diamante cúbico fallado y maclado.
Es milimétrico
La propia Nature subraya que este nuevo resultado es el más sólido hasta la fecha dentro de una historia llena de reclamaciones y rectificaciones. En otras palabras: no es la primera vez que alguien dice “lo tengo”, pero sí una de las evidencias más convincentes.
Con la estructura validada, llegó el examen que manda en materiales ultraduros: la dureza por indentación. El artículo reporta un valor ligeramente superior al de muchos diamantes naturales, alrededor de 114 GPa en Vickers, frente a ~110 GPa como cifra típica de referencia.
La diferencia parece pequeña, pero en esta liga cada gigapascal cuenta porque se traduce en desgaste, vida útil de herramientas y tolerancia a condiciones extremas. Además, el trabajo señala otra baza: el diamante hexagonal obtenido muestra alta estabilidad térmica.
El interés industrial no es solo cortar mejor. Un diamante con estructura alternativa puede comportarse distinto en conductividad térmica, respuesta mecánica o aplicaciones electrónicas de alta exigencia. Pero el estudio insiste en que estamos ante una puerta que se abre, no ante una tecnología lista.
El único handicap es el tamaño. El fragmento es milimétrico, útil para medir y confirmar, pero todavía lejos de lo que pediría una cadena industrial. El reto será repetir el proceso con consistencia y escalarlo sin perder pureza.
