Las claves
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En Patagonia, entre gigantes como Giganotosaurus y Argentinosaurus, ha aparecido un fósil que cambia la escala del relato. Alnashetri cerropoliciensis, descrito ahora con un esqueleto mucho más completo, pesaba alrededor de 0,7 kilos y medía unos 70 centímetros de largo.
El animal vivió hace unos 95 millones de años en lo que hoy es Río Negro, dentro del yacimiento de La Buitrera, Argentina, una zona célebre por conservar fauna pequeña y mediana del Cretácico. Eso ya lo convierte en una rareza: no todo en la era de los dinosaurios eran colosos.
Lo importante no es solo su tamaño, sino su posición en el árbol evolutivo. Alnashetri pertenece a los alvarezsauroideos, un grupo de terópodos manirraptores muy peculiares. Y sí, está emparentado muy de lejos con los Tyrannosaurus rex , porque ambos forman parte de los celurosaurios.
Esa relación, sin embargo, no significa cercanía directa ni parecido real en ecología. El parentesco funciona más como una rama compartida muy alta del árbol. Desde ahí, la evolución de ambos linajes siguió caminos completamente distintos, con cuerpos, tamaños y estrategias opuestas.
El nuevo estudio, publicado en Nature, es el que ha desmontado una idea repetida durante años: que este grupo seguía una miniaturización progresiva, como si sus miembros se hubieran ido encogiendo de manera lineal con el tiempo. El fósil argentino complica mucho esa lectura.
Solo mermaron algunos linajes
Esa hipótesis había ganado peso tras trabajos previos, entre ellos uno de 2021 en Current Biology, que defendía una reducción rápida del tamaño corporal en alvarezsauroideos entre unos 110 y 85 millones de años. Alnashetri obliga ahora a rehacer ese esquema.
Lo que sugiere el nuevo análisis es bastante más interesante: la reducción de tamaño no fue una tendencia universal del grupo, sino un proceso que apareció varias veces de forma independiente en distintos linajes. En evolución, eso suele ser más revelador que una historia simple.
Además, el fósil muestra una disociación poco intuitiva entre dos rasgos: cuerpo pequeño y reducción de los brazos. En estos dinosaurios, ambas cosas no avanzaron necesariamente al mismo ritmo. Esa separación ayuda a entender que su evolución anatómica fue más diversa de lo que se suponía.
También hay pistas sobre su biología. El estudio y las fuentes asociadas lo describen como un pequeño depredador de vertebrados e invertebrados, con muchos dientes finos y un cráneo ligero. Por parentesco filogenético, además, lo más probable es que tuviera plumas.
El ejemplar casi completo permite ir más allá de la taxonomía. Los investigadores destacan que abre la puerta a trabajos de biomecánica, reconstrucción muscular y paleoneurología. Cuando aparece un fósil tan entero en un grupo tan raro, no solo se describe una especie: se abre un laboratorio.
