Las claves
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El suelo sobre el que están construidas 25 de las 28 ciudades más importantes de Estados Unidos se hunde. Así lo ha declarado un estudio de la revista científica Nature Cities que tomó datos al respecto con satélites entre los años 2015 y 2021.
Esto pone en peligro, por supuesto, a las estructuras y también a los habitantes de estas ciudades, que se cuentan por millones. Hasta el 20% del terreno de las ciudades se hunde de manera lenta y en esas 25 ciudades, la subsidencia afecta al menos a dos tercios.
Algunas de las ciudades más destacadas que presentan este problema son Nueva York, Chicago, Dallas, Houston, Denver, Detroit, Indianápolis, Columbus, Charlotte y Fort Worth. Es decir, las ciudades afectadas están tanto en la costa como en el interior.
De hecho, las diez anteriormente nombradas se hunden en prácticamente toda la superficie urbana. Houston, de hecho, es el ejemplo más extremo: casi la mitad de su suelo desciende al ritmo de unos cinco milímetros por año. En algunas áreas incluso va más rápido.
Si cinco milímetros te parece poco, el paso del tiempo y el reparto desigual de la subsidencia hace que se abran grietas en las carreteras, se deformen las tuberías, se inclinen los edificios y se acumule el agua cuando llueve de manera intensa.
Desigualdad de hundimiento
En el caso de Nueva York, los investigadores encontraron que había hundimientos destacados en zonas concretas, como el aeropuerto de La Guardia o en parques. El hecho de que el hundimiento se produzca de manera desigual entre barrios es preocupante.
La subsidencia del terreno es un fenómeno que en parte es natural, debido a los ajustes que se producen en la corteza terrestre en las distintas etapas geológicas o a la manera en la que los sedimentos se compactan. Pero no es la única causa del fenómeno.
En Estados Unidos, la mayor parte del hundimiento se debe a la actividad humana. Sobre todo, a causa de la extracción de aguas subterráneas de manera intensiva. Pensemos en estos acuíferos como esponjas sobre las que se apoyan el suelo y las construcciones.
Si se bombea más agua de la que se repone, esa estructura se contrae y pierde volumen. El terreno, irremediablemente, comienza a descender. A esta conclusión llegaron después de comparar el mapa de subsidencia con datos de más de 90 pozos.
Las consecuencias a largo plazo, alertan los científicos, podrían ser catastróficas. Los investigadores insisten en el problema de que el descenso del terreno sea irregular y se pueden esperar daños en infraestructuras como carreteras, puentes y presas.
Por no hablar de los edificios. En total, hasta 29.000 construcciones resultaron comprometidas a la luz de estos datos. Hasta ocho ciudades con los mayores datos de hundimientos registraron más de 90 inundaciones desde el 2000.
