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Las claves

Mientras España mira al Teide cada vez que tiembla Canarias, el sureste peninsular se mueve en silencio. En apenas nueve días, Tabernas, en Almería, ha registrado 29 terremotos, según los datos oficiales del Instituto Geográfico Nacional (IGN).

Desde el 16 de febrero, el suelo del municipio almeriense encadena sacudidas casi a diario. La última, este martes 24 a las 9.16h, alcanzó una magnitud de 2,5 y volvió a sentirse con claridad entre los vecinos.

El episodio comenzó con un seísmo de magnitud 4,2 Mw en la madrugada del día 16. Aquel temblor se dejó notar en Almería, Granada, Jaén y Murcia. Desde entonces, el IGN ha contabilizado un goteo constante de movimientos en la zona.

Los geólogos lo denominan "enjambre sísmico". No hablamos de un gran terremoto seguido de réplicas cada vez más débiles, sino de una secuencia de eventos concentrados en un espacio reducido y en un periodo corto.

En Tabernas, ese patrón se ha repetido con intensidad. Solo el primer día se registraron 16 réplicas. Después llegaron nuevos repuntes, incluido el de esta semana, con varios seísmos adicionales que mantienen la vigilancia científica.

Una de las claves está en la profundidad. El terremoto de magnitud 2,5 se produjo a apenas un kilómetro bajo la superficie, en la zona de Cañada del Olivo, en las faldas de Sierra Alhamilla.

Cuando el foco es tan superficial, la energía llega casi sin amortiguación. Aunque la magnitud sea baja y la intensidad registrada sea II, es decir, apenas perceptible en reposo, el temblor puede sentirse con nitidez y generar un ruido seco característico.

La geología de la zona

La pregunta inevitable es por qué ocurre aquí. La respuesta está en la geología del sureste peninsular. Almería forma parte de las Cordilleras Béticas, una región atravesada por numerosas fallas activas.

En este sector de la península ibérica convergen las placas africana y euroasiática. Ese empuje, lento pero constante, acumula tensión en la corteza terrestre. Cuando la roca no soporta más presión, la libera en forma de terremoto.

No se trata de un fenómeno excepcional en términos geológicos. El sureste español es una de las áreas con mayor peligrosidad sísmica del país. La actividad actual encaja dentro de esa dinámica estructural bien conocida por los especialistas.

De hecho, desde el punto de vista científico, la liberación frecuente de energía en pequeños eventos puede evitar la acumulación prolongada de tensiones mayores. Cada sacudida es una forma de reajuste del sistema de fallas.

Eso no elimina la incertidumbre. Los expertos del IGN siguen de cerca la evolución del enjambre para determinar si se trata de una secuencia que irá perdiendo intensidad o si puede preceder a un evento de mayor magnitud.

Por ahora, los datos oficiales sitúan la mayoría de los terremotos entre magnitudes de 1,5 y 2,8. Cifras moderadas, pero suficientes para recordar que bajo el desierto de Tabernas la corteza terrestre está lejos de ser un bloque inmóvil.

España es un país sísmicamente activo, aunque a menudo lo olvide. Estos 29 terremotos en nueve días no anuncian necesariamente una catástrofe, pero sí revelan una realidad geológica que atraviesa la Península de sur a norte.

Mientras el volcán canario concentra la atención mediática, Almería recuerda que el riesgo sísmico no es patrimonio exclusivo de las islas. También aquí, bajo los pies de los peninsulares, las placas continúan su lento pulso tectónico.