Las claves
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En la arqueología vikinga hay tumbas célebres que casi funcionan como marca —los barcos Oseberg y Gokstad— y luego están las que se han convertido en una especie de obsesión colectiva: las que los textos sugieren, pero el terreno se resiste a confirmar.
En ese segundo grupo está la sepultura de Ivar el Deshuesado, caudillo asociado al Gran Ejército Pagano que arrasó y ocupó territorios en la Inglaterra anglosajona en el siglo IX. Su figura existe en la niebla donde se cruzan crónicas, tradición nórdica y política medieval; precisamente por eso, cuando alguien cree haber encontrado su tumba, el listón probatorio sube varios peldaños.
La última candidata aparece en la costa oeste de Cumbria, en el norte de Inglaterra, un túmulo enorme junto al mar que un arqueólogo independiente, Steve Dickinson, vincula con un topónimo registrado en documentos medievales, Cuningeshou, interpretado como "la colina del rey" o "el túmulo del rey".
Dickinson sostiene, hablando con la BBC, que ese montículo —conocido en algunos registros como The King’s Mound— encaja con una tradición narrativa atribuida a Ivar: ser enterrado en un punto elevado y expuesto, con vistas a la costa, como si el poder siguiera "vigilando" después de la muerte.
No es ciencia ficción
El argumento no se apoya solo en la toponimia. En prospecciones preliminares con detectores de metales se han recuperado remaches y clavos compatibles con construcción naval, además de pesos de plomo y señales de actividad vinculada al manejo de plata, un detalle que recuerda cómo se movía la riqueza en el mundo vikingo (a menudo por peso, no solo por moneda).
El equipo, eso sí, no ha anunciado excavación inmediata: la primera fase prevista es un barrido no invasivo con georradar (GPR), una técnica que permite ver anomalías bajo el suelo y delimitar estructuras sin abrir una zanja.
El túmulo del rey en Cumbria.
Lo cierto es que anteriormente otras zonas han sido candidatas a tener la sepultura de Ivar. El lugar más citado por la investigación es Repton (Derbyshire), donde excavaciones y revisiones de datación han reforzado la asociación con el campamento invernal del Gran Ejército Pagano en 873-874.
Un trabajo en la revista Antiquity revaluó fechas radiocarbónicas y el famoso "charnel" de Repton, compatible con un episodio de finales del siglo IX, lo que mantiene viva la hipótesis de un enterramiento de alto estatus en ese conjunto.
Entonces, ¿qué haría realmente convincente a Cumbria? Primero, que el georradar muestre una huella clara de barco —forma, dimensiones, contexto estratigráfico—, algo que no es ciencia ficción: en Noruega, la detección de un gran barco funerario en Gjellestad con georradar demostró hasta qué punto estas prospecciones pueden cambiar el mapa antes de excavar.
Segundo, que aparezcan indicadores fechables y coherentes (madera, remaches tipológicamente claros, materiales orgánicos con radiocarbono, o un conjunto de objetos que no parezca "mezcla" de siglos).
Y tercero, que el relato encaje con lo que sabemos —y con lo que no sabemos— de Ivar: un personaje histórico probable, pero biográficamente escurridizo, al que las fuentes atribuyen estrategias, alianzas y presencia en territorios diversos del mundo atlántico.
