Las claves
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Cuando hablamos de felicidad, es difícil dar con una descripción adecuada. Puede intentar explicarse desde la perspectiva psicológica, filosófica e incluso neurobiológica, e incluso entonces quedará una definición imperfecta. Por su parte, el amor padece de los mismos males: es complejo de definir, y la percepción varía ampliamente en función de quien lo experimenta.
Uno de los sabios que habló en su momento sobre amor, deseo y felicidad fue José Ortega y Gasset, cuyas enseñanzas sobre el amor y el deseo aún siguen vigentes hoy en día: "Desde hace dos siglos se habla mucho de amores y poco de amor", como analizó en su momento Ainara Quirós, autora de 'Filosofia en la Red'.
Como ya explicaba el filósofo en su momento, el amor no es deseo, aunque se suele confundir con este término. Es posible desear a otros, pero no es lo mismo que amarlos. Una vez satisfecho el deseo, ese supuesto "amor" se torna en indiferencia. El deseo finaliza tras su satisfacción, el amor no. Su frase es la siguiente: "el amor es un eterno insatisfecho".
Cuando se ama a alguien, existe un impulso hacia la otra persona, una "necesidad" continuada que realmente nunca se satisface. De hecho, aunque también existe confusión en este aspecto, nunca se tiene una "posesión" del otro, al contrario del deseo: cuando se alcanza, desaparece. Sin embargo, aunque en la lengua española se tiende al afán de esta posesión, esta no está realmente en las relaciones amorosas: el amor no se traduce en posesión, sino en una búsqueda permanente de la otra persona. De hecho, Ortega y Gasset lo explica como "un injerto metafísico" en el otro.
Esta expresión dada por el filósofo intenta explicar cómo se produce la relación en una pareja: no hay posesión, sino que se debe seguir siendo uno mismo, junto a la otra persona. Cada parte de la pareja debe seguir siendo quien es, pero conviviendo con la otra parte; construir un "nosotros" sin que nadie deje de ser, a su vez, uno mismo. Una pareja no es una posesión material, de ahí que el término adecuado para esta situación es "estar en pareja", no hablar de "nuestra pareja".
De hecho, Ortega y Gasset prestaba mucha atención a un momento muy específico dentro de las relaciones amorosas, como es el enamoramiento. Es precisamente el momento donde existe más atención sobre una persona, una atención especial, incluso excesiva, que da pie a olvidar otras prioridades. Se produce una fijación tal que solo se tienen ojos para aquella persona que amamos, algo que el filósofo describe como "encantamiento", o que incluso llega a llamar "imbecilidad transitoria" cuando se produce de forma muy intensa.
Para Ortega y Gasset,amar tiene efectos claros sobre nosotros. Elegir una pareja también da lugar a desvelar factores propios, dado que se suele escoger estar con cierta persona porque refleja, en parte, lo que somos, o al menos lo que deseamos ser. Si se busca una pareja que presta especial atención a la amistad o al cuidado de las mascotas, muy probablemente serán características propias compartidas, o que al menos nos gustaría llegar a poseer.
Como explicaba el filósofo en sus escritos, "en la elección del amor revelamos nuestro más auténtico fondo". Y, lo peor, o lo mejor, es que se suele justificar de manera inequívoca ese amor. Existen multitud de casos donde cada parte de la pareja parece totalmente opuesta a la otra y, sin embargo, su conexión es real, y no dudarán en encontrar argumentos para defender dicha conexión. Desde fuera podrá verse como una locura, pero desde el interior es más que razonable.
